LA SANGRE AFRICANA, BICAMPEONA DEL MUNDO

BALONES, POLÍTICA… Y HASTA GUERRAS (2)

Pues ya está, ha terminado el Mundial de Rusia 2018. Y no ha sido resplandeciente, salvo en muy contados partidos. Hay que felicitar a franceses y afrancesados por el triunfo de los bleus, 4-2 contra Croacia. Ha sido uno de esos choques en los que el resultado (con tantos goles como en las cuatro finales anteriores juntas) no dice mucho del partido, generalmente muy cerrado, y el campeonato, bastante flojo de calidad y ambición. Y muy nutrido de táctica y conservadurismo.

El seleccionador Didier Deschamps lo ganó todo como centrocampista destructivo de la Juventus de los años 90, y tiró del estilo de los todopoderosos clubes italianos de su época: muro infranqueable del medio campo hacia atrás, racanería en grado superlativo, buena renta de las jugadas a balón parado y estrellas arriba para decidan en los momentos puntuales que siempre surgen. Cuando un resultadista consigue resultados, no hay por donde hincarle el diente.

Embed from Getty Images

Pero nos gustaría detenernos en una de las características de esta Francia triunfal, además muy exaltada por la prensa: el carácter multirracial de la escuadra. Y, de forma más concreta, en la procedencia africana –inmediata o más distante- de una gran parte de los jugadores que lograron la victoria tanto este 2018 (la gran mayoría) como en el primer título global galo de 1998 (un tercio del total). Hace 20 años ya se nombraba a aquel equipo como el blackblancbeur (negro-blanco-magrebí); algunos usaban la expresión como definición peyorativa, pero otros muchos como canto a una nueva bandera tricolor. La impronta del continente más castigado era tan clara que, de alguna manera, también África fue campeona del mundo, y más claramente aún este año.

Otro paralelismo es que, en aquel final del siglo XX, la escuadra nacional francesa ya fue hostigada por el partido ultraderechista Frente Nacional (FN), fundado y entonces dirigido por Jean-Marie Le Pen, y renombrado este 2018 como Agrupación Nacional (RN). La formación no trata de disimular demasiado que los únicos franceses que le valen son los blancos, aquellos cuyos antecesores han poblado la Galia desde tiempos inmemoriales.

Marine Le Pen, vástago del anterior, ha tomado el relevo de los improperios -por mucho que trate de limpiarle la cara a la siglas-, y también ha subido espectacularmente en apoyo electoral: en la primera vuelta de las Elecciones Presidenciales del recentísimo 2017, Marine y su discurso xenófobo lograron el 21,3% de los sufragios (¡uno de cada cinco!), aunque en la segunda ronda fuera ampliamente derrotada por Emmanuel Macron. Básicamente, muchos de los afines a los demás candidatos descartados votaron para que no ganara alguien con esas ideas. Pero el toque de atención no se puede ignorar. Eso sí, padre e hija se sumaron al aplauso cuando esos franceses que les sobran levantaron la magnífica Copa dorada, aunque fuera a regañadientes.

ORÍGENES DE LAS DOS ESCUADRAS CAMPEONAS: 12 de los 22 jugadores de Francia en 1998 (55%) tenían al menos un padre que había migrado a la Francia continental desde otro punto del planeta, y casi siempre se trataba de ambos progenitores. Exactamente 20 años más tarde, este porcentaje ha subido muy notablemente al 78% (18 de 23, más que ningún otro equipo del Mundial de Rusia).

Aclaremos que, aunque no sean mayoritarios, contamos como migrantes a personas nacidas en los llamados Departamentos Franceses de Ultramar o Dependencias, y cuya nacionalidad gala está legalmente reconocida de entrada, si bien geográfica, histórica o culturalmente hace mucho que esta pertenencia a la metrópoli no se puede explicar. Las dos Francias campeonas incluyen algunos futbolistas originarios de Guayana Francesa (Sudamérica), Guadalupe y Martinica (Caribe) o Nueva Caledonia (a 1.500 kilómetros al Este de Australia). En los tres primeros casos, el color de la piel deja claro el origen africano de los jugadores: sus ancestros, o al menos parte de ellos, procedían del Continente Negro, y los europeos los llevaron allí como esclavos hace siglos.

El equipo de 1998, que actuaba como anfitrión en aquel Mundial (foto inferior), estuvo dirigido por Aime Jacquet. Por cierto que, entre sus integrantes, aparecía un tal Deschamps, desde el domingo tercer mortal en haber ganado el torneo máximo como futbolista y como entrenador (los anteriores son Beckenbauer y Zagallo).

Embed from Getty Images

Deschamps formaba parte de los internacionales que le gustaban a Jean-Marie Le Pen, es decir blancos europeos o franceses ‘de pura cepa’, que ya entonces eran minoritarios (10 de 22). De los otros 12 que sin duda mejoraron el fútbol francés, cuatro de ellos no solo eran hijos de migrantes, sino que directamente habían nacido en tierras remotas. Hablamos de inolvidables como Desailly (nacido en Ghana, llegó a Francia con cuatro años), Thuram (Guadalupe, llegó a los nueve), Vieira (Senegal, a los ocho) y Karembeu (Nueva Caledonia, a los 17). Otros dos casi podríamos incluirlos aquí, porque fueron alumbrados en Francia circunstancialmente, marcharon antes de tener uso de razón y regresaron muy crecidos desde los pagos de sus padres. Son el portero Lama (emigró a la  Guayana Francesa, no volvió hasta los 18 años) y el delantero Trezeguet (fue a la Argentina de su familia, retornó cuando lo fichó el Mónaco a los 17).

De esos 12 que ponían nerviosos a los filonazis, sorprende un poco que apenas tres guardaran relación con el continente africano, un cuarto del cual era colonia francesa hasta las independencias de los años 50 y 60 del siglo XX. De allí llegaron grandes oleadas de emigrantes buscando trabajo en la antigua metrópoli, pero en 1998 no había dado tiempo a que los hijos de aquellos crecieran ya como franceses adultos y seleccionables por su país. Los tres son los citados Desailly y Vieira, y otro que no necesita presentación: Zinedine Zidane, marsellés de padres argelinos. El porcentaje sí que sube bastante si incluimos a los ‘africanos más antiguos’, los relacionados con los departamentos ultramarinos de Martinica, Guadalupe o Guayana: totalizaría siete de 22 (32%).

Hemos visto ya que el equipo de 2018, vigente campeón hasta 2022, representa a mucha estirpe extranjera, presente en nada menos que en 18 de sus 23 integrantes. Tres de ellos nacieron fuera de la Francia continental: el portero suplente Mandanda (República Democrática del Congo; llegó al país con dos años), el central culé Umtiti (Camerún, arribó también con dos) y el medio Lemar (Guadalupe, llegó con 15). Hay un caso inverso en el equipo: el de Lucas Hernández, hijo de franceses continentales que a los seis años marchó a España, donde ha desarrollado toda su carrera hasta ahora, y que ha escogido con qué país jugar. Visto lo visto, ha acertado.

El mayor salto con respecto a dos décadas atrás se nota en los futbolistas de huella africana en los genes. Si solo fueron tres en 1998, esta vez la cifra sube a 14 de los 23 (un 61%), y 16 (70%) si contamos los procedentes de ex colonias de ultramar. Como anécdota, añadamos que el único jugador de los bleus de 2018 que no había nacido cuando sus compatriotas ganaron en 1998 es Kylian Mbappé, la nueva bomba del fútbol mundial, de padre camerunés y madre argelina. Vio la luz unos meses después de los fastos.

Embed from Getty Images

EL ESPEJISMO DEL FÚTBOL: cuando franceses de toda procedencia tomaron los Campos Elíseos de París y sus equivalentes de otras ciudades en 1998 (foto de abajo), pareció un canto a la unión interracial. El país acogía entonces a más de seis millones de inmigrantes, según la ONU, pero de ahí a la integración real quedaba mucho por recorrer, como demostraban los auténticos y enormes guetos que se habían formado en los cinturones de las grandes urbes.

Embed from Getty Images

Con la victoria deportiva, los políticos llamaban a aprovechar el impulso de concordia, y el presidente galo Jacques Chirac (de derechas, pero lejos del Frente Nacional) aplaudía a aquel equipo “a la vez tricolor y multicolor” que conquistó la Copa en casa. Incluso Le Pen, que decía no sentirse representado por el combinado nacional y había acusado a algunos jugadores de no saberse La Marsellesa, acertó a proclamar: “El Frente Nacional siempre ha reconocido que los ciudadanos franceses pueden ser de diferentes razas y religiones, siempre que tengan en común el amor al país y el deseo de servirlo”. Fue un oasis, porque no tardó en volver a las andanadas.

20 años después, la mayor parte de aquellos problemas perviven. Citemos pinceladas, como los disturbios de 2005, cuando más de 1.200 coches ardieron en distintas ciudades de Francia, como reacción de protesta contra la muerte de dos chicos de origen africano, que fallecieron electrocutados cuando huían de la Policía, acusados de robo. O recordemos los atentados yihadistas de los últimos años, obra a menudo de franceses hijos de migrantes. De fondo, siempre, la falta de perspectivas económicas y sociales, que van de la mano de la discriminación racial y religiosa.

Y cómo olvidar el ascenso de la saga Le Pen. Se dice que Marine busca aplicarle algo de maquillaje al Frente Nacional de toda la vida para ganar votos, y para eso ya le ha cambiado el nombre a Agrupación Nacional. Pero en su discurso contra los inmigrantes no se diferencia mucho de su progenitor. En la campaña electoral para las presidenciales de 2017, exitosísimas para ella, había alertado del riesgo de “guerra civil” al que conducían los foráneos. Quiere endurecer las condiciones de nacionalización, y en realidad “poner fin a la inmigración, legal e ilegal”, aseveró en un debate televisivo. En 1995, antes del Mundial de Francia, su padre logró el 15% de apoyos en las mismas elecciones; ya hemos visto que ella ha logrado escalar al 21% con similares ideas.

Con respecto a la Selección de Francia, Le Pen también seguía fiel a su parentela. La calificó como un combinado “artificial” formado por “representantes del papeleo”. Eso sí, la comandante en jefe de la ultraderecha ha tenido que declararse “orgullosa” de la victoria de su país en Rusia 2018, obviando que la gente que ella y sus muchos seguidores denuestan es la que ha posibilitado su alegría.

 

¿Y SI REINO UNIDO FUESE UNO EN FÚTBOL? (III)

FABULANDO CON LA HISTORIA (8)

Al Mundial de Rusia 2018 solo le queda un partido, el que todos querrían jugar, pero únicamente lo van a hacer Francia y Croacia. Hoy en cambio se ha disputado el que nadie quiere, el duelo por el tercer cajón del podio, que ha sido para Bélgica, verdugo de Inglaterra (2-0). Sin embargo, es el segundo mejor registro de la historia de los ingleses en la Copa del Mundo, igualando el mismo 4º lugar de Italia 1990, solo por debajo del título de 1966. Y, como venimos analizando en los dos últimos artículos, por lógica una selección de Reino Unido unificado habría logrado mucho mejores resultados de los que han hecho sus cuatro naciones por separado. Terminamos la serie con los análisis de las posibilidades británicas entre 1974 y 1982.

(Pincha aquí para leer las razones y criterios de estas especulaciones)

(Pincha aquí para leer el post referido a los Mundiales entre 1950 y 1970)

 

MUNDIAL DE ALEMANIA FEDERAL 1974

– Qué hizo Inglaterra: no se había clasificado para el torneo máximo. En las eliminatorias premundialistas, disputadas entre 1972 y 1973, tuvo la mala suerte de caer en un grupo de solo tres integrantes, y de que uno de ellos fuera Polonia. Los del Este solo habían participado en el Mundial de 1938, y eran poco conocidos, pero estaban iniciando su edad de oro, con Lato, Deyna y otros fenómenos a la cabeza. Inglaterra habría pasado si hubiese vencido en el último partido del grupo, disputado en Wembley precisamente contra Polonia, pero no pasó del 1-1. El fracaso le costó el puesto al seleccionador Alf Ramsey, uno de los artífices del triunfo en 1966. Uno de sus ‘pecados’ fue no usar al meteoro del momento, Kevin Keegan (Liverpool), en el choque contra los polacos.

– Otras selecciones británicas en el torneo: solo Escocia, que volvió a caer en la primera fase, pero esta vez empatada a puntos con los dos primeros del grupo (Yugoslavia y Brasil). La clave fue que los otros dos ganaron por más ventaja a la ‘cenicienta’ de la liguilla, Zaire (los escoceses lo hicieron por apenas 2-0). Antes, los del aspa en la bandera habían igualado contra balcánicos y verdeamarelos (0-0, en ambos casos).

– Once tipo inglés de los amistosos de 1974 (en cursiva, jugadores que relevaremos): en las semanas premundialistas, Inglaterra disputó varios amistosos internacionales a las órdenes del entrenador provisional Joe Mercer, que hizo de enlace entre Ramsey y el siguiente seleccionador, Don Revie. Nos hemos basado en sus alineaciones para configurar este once tipo:

Peter Shilton / Alec Lindsay, David Watson, Colin Todd, Emlyn Hughes / Kevin Keegan, Colin Bell, Keith Weller, Trevor Brooking / Frank Worthington, Mick Channon.

– Cambios en el presunto equipo unificado: 3. A pesar de la no-clasificación mundialista, esta vez pensamos que poco podríamos añadirle al once de Inglaterra, una vez incorporado Keegan. Entre los pocos cambios, haríamos uno bajo palos: Peter Shilton, mito en ciernes, no podía considerarse aún al nivel del cancerbero norirlandés del Tottenham, Pat Jennings, elegido por la prensa mejor jugador del campeonato inglés en 1973 y por los propios jugadores mejor arquero del curso 73-74. Y, en la línea de zagueros, situaríamos a Hughes como central y dejaríamos el lateral al escocés Willie Donachie (Manchester City), completísimo en defensa y ataque.

Desde la medular hasta la delantera, damos por buenos todos los nombres, como el doble nueve ChannonWorthington (en la foto de abajo, el primero chuta y el segundo contempla), o el concurso del luego llamado ‘Zidane inglés’, el superclase Trevor Brooking. Solo añadiríamos en el eje de la medular al escocés Billy Bremner, el alma del Leeds campeón de liga.

Embed from Getty Images

– Hipotética mejora clasificatoria: es difícil saber si Reino Unido hubiera superado a aquella Polonia de haber coincidido en el mismo grupo de eliminatorias como le pasó a Inglaterra, pero apostamos por que sí, si el seleccionador hubiera incluido a los tres refuerzos y a Keegan contra los rojos. Ya en Alemania, vemos a los de la Union Jack dejando atrás la primera fase de grupos, pero no tanto la segunda (aquella Copa del Mundo de 1974 estrenó las liguillas de semifinales, cuyos campeones jugaron la finalísima). Si llega a seguir el mismo camino que le correspondió a Polonia, le habrían tocado la anfitriona República Federal de Alemania, Suecia y Yugoslavia, y superar al primer adversario –campeón de la Eurocopa 1972, y repleto de referentes- se nos antoja demasiado para nuestros británicos. Creemos más en que habría disputado el bronce contra una mermada Brasil, además en suelo europeo, y que habría terminado en tercer lugar.

 

MUNDIAL DE ARGENTINA 1978

– Qué hizo Inglaterra: volvió a faltar a la Copa máxima y, como cuatro años antes, no tuvo suerte en los emparejamientos de las eliminatorias: compartía liguilla de cuatro equipos con otro de los ‘monstruos’, Italia, que le superó al final por mejor diferencia de goles; los otros dos eran los predescartados Finlandia y Luxemburgo.

– Otras selecciones británicas en el torneo: Escocia. Fiel a su costumbre, se quedó en la primera fase, y otra vez por peor goal average que otra selección, en este caso Holanda, que terminaría disputando la final.

– Once tipo inglés de los amistosos de 1978 (en cursiva, jugadores que relevaremos): a pesar de no clasificarse para el Mundial de Argentina, el seleccionador Ron Greenwood permaneció en su cargo hasta 1982. Su Inglaterra disputó una serie de amistosos en las semanas previas a la cita global de 1978, y de ahí extraemos este once tipo:

Ray Clemence / Phil Neal, David Watson, Emlyn Hughes, Mick Mills / Steve Coppell, Ray Wilkins, Trevor Brooking, Peter Barnes / Kevin Keegan, Trevor Francis.

– Cambios en el presunto equipo unificado: 6. En este caso no hay que devanarse los sesos, ya que nos basaremos en los espléndidos británicos no-ingleses de los dos ‘grandes’ equipos del momento en Inglaterra y, como mínimo, del Viejo Continente. Se trata del Liverpool dirigido por Bob Paisley, campeón de Europa en los cursos 76-77 y 77-78; y del Nottingham Forest de Brian Clough, al borde de emular el bicampeonato continental de los reds y, de momento, triunfador en la Liga 77-78.

Dejaríamos fijo a Clemence (Liverpool) bajo palos, y a sus compañeros de equipo Phil Neal y Emlyn Hughes en la línea de retaguardia. Pero introduciríamos al incendiario Kenny Burns (Nottingham Forest) en el centro de la zaga, escogido MVP de la temporada por los periodistas, en vez de David Watson. Y, como reemplazo del gran lateral zurdo Mick Mills, 16º de Liga con el Ipswich Town, situaríamos a su par Joey Jones, galés del Liverpool, de gran marca, carácter y envío en largo.

Del centro del campo inglés no respetaríamos a ninguno, aunque resituaríamos allí a Kevin Keegan, ya en el Hamburgo alemán y que sería elegido Balón de Oro ese 1978. Para la medular, dinamita escocesa: Graeme Souness (Liverpool), uno de los mejores centrocampistas de los 70 y 80, de increíble pase largo y amante de la fricción; y Archie Gemmill (Forest), hábil y excelente conductor. Ray Wilkins y Trevor Brooking, los ingleses de esa zona, no habían vivido una buena temporada de clubes. Y, en los extremos, Keegan bajaría desde la delantera y el artista escocés John Robertson (Forest) sería indispensable para la izquierda.

En vanguardia, dejamos al lujoso Trevor Francis, goleador y creador, pero le ponemos al lado al fabuloso Kenny Dalglish (abajo, a la derecha), nueva estrella del Liverpool y, según algunas opiniones, mejor futbolista de la historia de Escocia. Dalglish, segundo delantero habilísimo y muy goleador, llenó con creces el hueco dejado por la marcha de Keegan a la orilla del río Mersey.

Embed from Getty Images

– Hipotética mejora clasificatoria: llamadnos locos pero, si incluimos dichas impagables incorporaciones, la bola de cristal retrospectiva nos arroja un Reino Unido campeona del mundo. Sus integrantes se estaban comiendo Europa, y raro sería que no repitieran a escala de selecciones. Obviamente, este equipo unificado sí se habría clasificado para la Copa del Mundo, y allí lo vemos superior a todos los demás adversarios, incluida la nueva Holanda de después de Cruyff (finalista) y la Argentina de Kempes, Pasarella y demás (campeona). Otro tipo de cuestión es la materia extradeportiva: ¿cómo se habría movido la dictadura argentina para perjudicar en lo que pudiera a los británicos, tenidos allí por el enemigo invasor de las islas Malvinas…? De hecho, en 1982 esa misma Junta Militar declararía la guerra a Reino Unido por ese motivo.

 

MUNDIAL DE ESPAÑA 1982

– Qué hizo Inglaterra: decepcionar, aunque tuvo buena excusa en la lesión de espalda de su estrella y alma mater, Kevin Keegan (que, además, había marcado más goles que nunca, y más que nadie en la Liga inglesa). El capitán de la escuadra solo pudo jugar unos minutos del último partido, y sin él aquello no era lo mismo. Inglaterra, que retornó a un Mundial 12 años después, pasó la primera fase con pleno de victorias, aunque sorprendentemente la holgura de los marcadores fuera menguando a la par que el nivel de los rivales (3-1 a Francia, 2-0 a Checoslovaquia, 1-0 a Kuwait). Y, en la liguilla de cuartos que contemplaba aquella Copa, no fue capaz de anotar ni una sola vez: 0-0 contra Alemania Federal y otro tanto contra España. Ganar por la mínima contra el anfitrión le habría servido, pero no lo logró.

– Otras selecciones británicas en el torneo: por primera vez desde 1958, más de dos naciones british jugaron el Mundial. La que mejor regusto dejó fue Irlanda del Norte, porque claramente sus jugadores eran de menor nivel, pero fue primera de su liguilla inaugural (0-0 contra Yugoslavia, 1-1 contra Honduras, ¡victoria por 0-1 contra España!), para morir en la liguilla de cuartos (2-2 contra Austria, derrota 1-4 ante Francia). Por lo que respecta a Escocia, por enésima vez se quedó en la primera fase, de nuevo como 3º igualada a puntos con el 2º, la URSS: ganó 5-2 a la floja Nueva Zelanda, padeció la samba contra el Brasil de Zico y Sócrates (1-4), y logró un inservible empate contra los soviéticos (2-2), cuando el representativo escocés ya sabía que tenía el goal average perdido con ellos.

– Once tipo inglés en España ‘82 (en cursiva, jugadores que relevaremos): Peter Shilton; Mick Mills, Terry Butcher, Phil Thompson, Kenny Sansom; Steve Coppel, Ray Wilkins, Brian Robson, Graham Rix; Trevor Francis, Paul Mariner.

– Cambios en el presunto equipo unificado: 4. En esta ocasión nos limitaremos a incorporar a cuatro escoceses, tres de ellos símbolos del Liverpool campeón de Liga. En defensa, el elegante central red Alan Hansen en vez de Terry Butcher, pese a que este fuera subcampeón con el Ipswich Town. Hansen, así, haría pareja con Phil Thompson, la misma que en los clubes. En el centro del campo, relevaríamos al más que competente Ray Wilkins (Manchester United) a cambio de alguien incluso mejor, Graeme Souness. Y en ataque, nos desharíamos de la dupla Trevor Francis/Paulo Mariner, que no había estado del todo bien esta temporada, por otro dúo del norte británico: el crack Kenny Dalglish (último incorporado del Liverpool), oda al segundo delantero, y el también escocés ariete Alan Brazil, plata con su Ipswich Town y ‘pichichi puro’ en el curso 81-82: festejó 22 goles, ninguno de ellos de penalti (Keegan había marcado 26 con el Southampton -foto inferior-, pero siete de ellos desde los once metros).

Embed from Getty Images

– Hipotética mejora clasificatoria: la falta de Keegan sería un lastre importantísimo para Reino Unido, como lo fue para Inglaterra, pero con los refuerzos sí creemos que la Gran Bretaña unificada habría superado la liguilla de cuartos de final. Sin embargo, pensamos que habría chocado en semis contra la Francia de Platini, y que después habría subido al podio tras ganar a la Polonia de Boniek en la final de consolación.

 

BALANCE (1950-1982)

Hasta aquí hemos llegado. Nos hemos arrepentido de nuestras palabras iniciales, en el sentido de que íbamos a realizar este análisis hasta el Mundial de Francia 1998. Hemos recortado las pretensiones porque, echando un vistazo a las plantillas mundialistas y méritos de unos y otros, hemos considerado que desde México 1986 en adelante no habría mejoras demasiado sustanciales si incorporáramos escoceses, galeses y norirlandeses a la base inglesa. De hecho, en  Italia 1990 el combinado de los Tres Leones se bastó para llegar a las semifinales (y perderlas a los penaltis) contra Alemania Federal. Quizá la única gran diferencia desde mediados de los 90 sería que Reino Unido sí podría haber contado con el gran extremo izquierdo galés Ryan Giggs para las citas de 1994 y 1998. Por cierto, para el torneo estadounidense de 1994 no se clasificó ninguna selección británica.

Por tanto, esto es lo que nuestra bola de cristal retrospectiva arroja para los primeros 32 años de un hipotético Reino Unido en los Mundiales, comparándolos con los resultados que obtuvo la selección de Inglaterra.

BRASIL 1950 (3 no-ingleses en el once titular): seguiría cayendo en la primera fase.

SUIZA 1954 (3): de caer en cuartos de final a alcanzar las semifinales y el tercer puesto global.

SUECIA 1958 (7): de caer en la primera fase a finalista del Mundial.

CHILE 1962 (7): de ser eliminado en cuartos de final a disputar la final.

INGLATERRA 1966: los ingleses ganaron la Copa del Mundo.

MÉXICO 1970 (6): de caer en cuartos de final a hacerlo en semifinales, ganando después el duelo por el bronce.

ALEMANIA FEDERAL 1974 (3): de no clasificarse a disputar la liguilla semifinal para terminar en 2º puesto, luchar por el podio y acabar en tercer lugar.

ARGENTINA 1978 (6): de no clasificarse a ganar el Mundial.

ESPAÑA 1982 (4): de caer en la liguilla de cuartos de final a hacerlo en semifinales y terminar en tercer puesto.

Por tanto, si toda esta especulación fuera certera, a los logros de la selección inglesa (un Mundial, dos semifinales) habría que añadirles otro triunfo en la Copa del Mundo (1978), dos finales (1958, 1962) y cuatro terceros puestos (1954, 1970, 1974, 1982). ¡Totalmente indemostrable…!

¿Y SI REINO UNIDO FUESE UNO EN FÚTBOL? (II)

FABULANDO CON LA HISTORIA (7)

Efectivamente, Inglaterra tampoco ganará este Mundial, tras caer anteayer en la prórroga contra la siempre meritoria Croacia (2-1). Razón de más para seguir imaginando dónde podrían haber llegado los ingleses en anteriores ediciones, de haber podido jugar también junto a futbolistas escoceses, galeses y norirlandeses. Mundial a Mundial, esto es lo que nos sale en las citas de 1950 a 1970.

(Pincha aquí para leer la explicación preliminar de razones y criterios)

(Pincha aquí si quieres leer la tercera parte, 1974-1982)

MUNDIAL DE BRASIL 1950

– Qué hizo Inglaterra: defraudar espectacularmente en su primera presentación mundialista. Parecía marchar bien tras su primer triunfo contra Chile (2-0), pero dilapidó los buenos augurios cayendo por 0-1 contra Estados Unidos (uno de los peores días de la historia de los pronósticos) y 0-1 también contra España. Solo seguía compitiendo el primero de cada grupo, que fue el combinado ibérico, así que los soberbios británicos, que propagaban hasta entonces esa aureola de campeones vitalicios, no pasaron de la primera fase y se destaparon como mortales.

– Otras selecciones británicas en el torneo: no.

– Once tipo inglés de Brasil ‘50 (en cursiva, jugadores que relevaremos): Bert Williams / Alf Ramsey, Billy Wright, John Aston / Laurie Hughes, Jimmy Dickinson / Tom Finney, Roy Bentley, Stan Mortensen, Wilf Mannion, Jimmy Mullen.

– Cambios en el presunto equipo unificado: 3. Dos defensas escoceses reemplazarían a sus pares ingleses. Uno sería el central Willie Woodburn, campeón de Liga y Copa de su país con el Glasgow Rangers, un zaguero sin fisuras en la destrucción pero tampoco en la creación, que era el punto más flojo del capitán inglés Billy Wright. Además, Alf Ramsey, futuro seleccionador campeón del mundo con los Tres Leones, dejaría el lateral derecho a Jimmy Scoular (Portsmouth), una pieza ideal en casi todos los aspectos pero que, por si fuera poco, había conquistado la First Division con su escuadra (no se llamó Premier League hasta el curso 92-93). Mientras eso sucedía, Ramsey, del Tottenham, ¡había ganado también, pero el campeonato de Segunda División!

Otra novedad sería la de cambiar de extremo derecho. El polivalente y magnífico Tom Finney era el 7 de los ingleses, pero también militaba en Segunda con el Preston North End. Preferimos colocar ahí a Gordon Smith (foto de abajo), extraordinario goleador que partía de la banda en el Hibernian de Edimburgo (25 dianas esa campaña, subcampeón escocés).

Embed from Getty Images

– Hipotética mejora clasificatoria: ninguna. Dos de los refuerzos son en la línea trasera, donde en realidad Inglaterra había sufrido poco. Se presupone que el equipo mejoraría en su circulación y tendría más gol, pero España ganó los tres partidos del grupo, lo que siempre es difícil de emular, y solo el primero pasaba a los cruces.

 

MUNDIAL DE SUIZA 1954

– Qué hizo Inglaterra: caer en cuartos de final. La primera fase era inexplicable, pues los equipos competían en liguillas de cuatro integrantes, pero solo se enfrentaban a dos de ellos. El combinado británico lideró el grupo, tras empatar contra Bélgica (4-4) y superar a la anfitriona helvética (0-2). En cuartos de final fue eliminada por Uruguay, selección defensora del título (2-4).

– Otras selecciones británicas en el torneo: Escocia, última de su grupo de primera fase.

– Once tipo inglés de Suiza ‘54 (en cursiva, jugadores que relevaremos): Gilbert Merrick / Ron Staniforth, Billy Wright, Roger Byrne / Bill McGarry, Jimmy Dickinson / Stanley Matthews, Ivor Broadis, Nat Lofthouse, Tommy Taylor, Tom Finney.

– Cambios en el presunto equipo unificado: 3. Una decisión de gran relevancia sería la del nombre del cancerbero. Gilbert Merrick jugaban en Segunda con el Birmingham City, y se quedó lejos de ascender, además de que contra Uruguay no tuvo su día. Por eso preferimos al escocés Ronnie Simpson, del Newcastle de Primera, a quien su corta estatura no le impedía ser un seguro por alto y en las respuestas felinas. Además, sería hora de incluir al norirlandés Danny Blanchflower (foto de abajo), centrocampista histórico de la First Division inglesa, en ese momento del Aston Villa; un excepcional administrador del juego, que parece superior a su par Jimmy Dickinson. Jimmy McIlroy (Burnley), también del norte de la isla esmeralda, reemplazaría a otro atacante interior como Ivor Broadis, por ser más anotador y considerado. En esta oportunidad no cambiaríamos a Billy Wright por Willie Woodburn como hicimos en 1950, porque el segundo jugó poco esa temporada.

Embed from Getty Images

– Hipotética mejora clasificatoria: queremos creernos que Reino Unido hubiera alcanzado las semifinales, y el tercer puesto mundialista. Uruguay estaba perfectamente dotado para vencer también a un combinado británico más poderoso, pero en la derrota real de los ingleses (2-4) influyó demasiado el mal papel de su portero de Segunda. Superada la Celeste, el adversario habría sido insuperable: la mejor Hungría de todos los tiempos, que el año anterior había ganado a Inglaterra por 3-6 en un celebrado amistoso en Wembley (primera derrota inglesa como local). Gran Bretaña unida podría haber ganado el bronce, pues también la estimamos superior a Austria, el rival que le habría correspondido.

 

MUNDIAL DE SUECIA 1958

– Qué hizo Inglaterra: se quedó en la primera ronda como 3º del Grupo IV, si bien tuvo que jugar un cuarto partido extra, que le fue mal: se trató de un desempate contra la URSS (derrota por 0-1), con quien los británicos venían igualados a todo lo posible. Estas tablas generalizadas con los soviéticos comenzaron en el mismo primer encuentro de la liguilla (2-2). A continuación, los ingleses empataron de nuevo contra Brasil (0-0), antes de que la Canarinha se hubiese decidido a apostar por Garrincha y a Pelé; y volvieron a ni ganar ni perder contra Austria, colista de la miniclasificación (2-2).

– Otras selecciones británicas en el torneo: fue el primer y último Mundial para el que se clasificaron las cuatro naciones. País de Gales, en su única participación hasta hoy, llegó a cuartos de final y solo cayó por 1-0 contra Brasil, inminente campeón (en este caso, el seleccionador verdeamarelo Vicente Feola sí se había decidido ya por dar bola a Pelé y Garrincha). Irlanda del Norte, que debutaba en la Copa universal, llegó hasta la misma ronda de cuartos, pero allí fue maltratada por la Francia de Kopa y Fontaine (0-4); no obstante, dos norirlandeses entraron en el once ideal del torneo según la FIFA, que fueron el guardameta Harry Gregg y el medio Danny Blanchflower, del que ya hablamos en 1954. Y Escocia fue la peor, última de su grupo de primera ronda.

– Once tipo inglés de Suecia ‘58 (en cursiva, jugadores que relevaremos): Colin McDonald / Don Howe, Billy Wright, Tommy Banks / Bill Slater, Eddie Clamp / Bryan Douglas, Bobby Robson, Derek Kevan, John Haynes, Alan A’Court.

– Cambios en el presunto equipo unificado: 7. El lavado de cara es inmenso por primera vez. Empezando por la portería, el primer cambio viene solo: el inglés McDonald venía de una buena temporada en el Burnley, pero el norirlandés Harry Gregg había sido subcampeón de la FA Cup con el Manchester United, después de haber sido fichado por los Red Devils mediada esa campaña; hasta ese momento, militaba en el casi anónimo Doncaster Rovers de Segunda. Y luego, como hemos adelantado, se consagró en el once FIFA (ventajas de las que disfrutamos quienes decidimos a posteriori). En el lateral izquierdo, vamos a optar por el galés Stuart Williams, del West Bromwich Albion (4º de la Liga) en vez de Tommy Banks (15º con el Bolton). Ambos eran competitivos, pero además Williams era compañero de equipo del otro lateral inglés, Don Howe. Y la zaga galesa funcionó muy bien en Suecia.

Varios de los otros refuerzos también salen casi solos. Nuestro Blanchflower, otro norirlandés en el once all-star de la Copa y ya casi mito en el Tottenham, sustituiría a uno de los dos medios, Bill Slater. Este había ganado la Liga inglesa como su compañero de equipo y del eje de Inglaterra, Eddie Clamp, pero solo había podido disputar 14 encuentros ligueros. Y, en la punta del ataque, no hay color: el gigantón galés John Charles había cumplido su primera campaña en la Juventus de Turín (rematando, abajo), y lo había hecho en plan avasallador, con 28 goles (¡en el Calcio!) y el título de la Serie A. A su lado, los 19 tantos del ariete inglés Derek Kevan (West Bromwich Albion) se antojan pocos.

Embed from Getty Images

Sigamos: nuevamente incluiríamos al norirlandés Jimmy McIlroy, hábil mediapunta goleador del Burnley, porque su competidor inglés (Johnny Haynes) militaba en Segunda con el Fulham. Y además, cambiaríamos de extremos. Descartaríamos a Bryan Douglas y Alan A’Court (que jugaban en Segunda) por  sendos norirlandeses, Billy Bingham (de gran ritmo y centro) y el wing izquierdo goleador Peter McParland. ¡Este terminó anotando cinco veces en la Copa del Mundo, tantas como Vavá, solo una menos que Pelé…!

– Hipotética mejora clasificatoria: no puede caber duda de ella. Nos aventuramos a pronosticar que este equipazo habría llegado a la final contra Brasil, para perderla porque estamos hablando de que el adversario era una de las mejores selecciones de todos los tiempos. Pero, atendiendo a la bola de cristal retrospectiva, a este Reino Unido de 1958 lo vemos pasando la primera fase bien, y batiendo luego al de casa (Suecia) en cuartos y la eterna Alemania en semifinales, pues la escuadra teutona parecía bastante peor ya que la campeona de 1954.

 

MUNDIAL DE CHILE 1962

– Qué hizo Inglaterra: ceder en cuartos de final contra Brasil (1-3), un adversario desposeído de Pelé (se lesionó en la primera fase) pero repleto igualmente de figuras. En la liguilla pasó como 2º, después de debutar mal contra Hungría (1-2) pero ganarse el billete batiendo a Argentina (3-1) y empatando contra Bulgaria (0-0).

– Otras selecciones británicas en el torneo: no.

– Once tipo inglés de Chile ‘62 (en cursiva, jugadores que relevaremos): Ron Springett / Jimmy Armfield, Maurice Norman, Bobby Moore, Ray Wilson / Ron Flowers, John Haynes / Bryan Douglas, Gerry Hitchens, Jimmy Greaves, Bobby Charlton.

– Cambios en el presunto equipo unificado: 7. Inglaterra solo había sido 3º en el British Home Championship, algo que ha sucedido muy pocas veces, situándose por debajo de Escocia y Gales. Esto refuerza nuestra idea de hacer muchos cambios.

Comenzando por la retaguardia, podríamos cambiar de portero. Ron Springett era un gran arquero, subcampeón con el Burnley, pero preferimos al escocés Bill Brown por su mayor envergadura y su experiencia victoriosa con el Tottenham: campeón de Liga y Copa el curso anterior y de Copa esa misma campaña, en la que concluyó 3º liguero. Además, escogemos al lateral izquierdo del propio Burnley, el norirlandés Alex Elder, porque el titular inglés Ray Wilson jugaba en Segunda con el Huddersfield.

De la mitad para adelante, relevaríamos a casi todos, prescindiendo además de uno de los dos delanteros centro con que jugaba Inglaterra en 1962 (Jimmy Greaves y Gerry Hitchens). De hecho, de esos seis medios y atacantes solo respetaríamos a Greaves, autor de 30 goles en 31 choques oficiales ese curso. Su escuadra estaría muy representada, es decir ese Tottenham en la cresta de la ola (como hemos visto en el párrafo anterior, cuando hablamos del portero Brown). En la media situaríamos un pivote defensivo y dos interiores ofensivos. El primero sería el escocés Dave Mackay, otro de los Spurs, acompañado en un flanco por su compañero de equipo y de país, John White, descrito a veces como una especie de Iniesta de los 60. Como cuatro años antes, Jimmy McIlroy, norirlandés del Burnley, repetiría en el otro flanco.

Por fin, en las dos alas del ataque, las últimas incorporaciones. En la derecha, igual que en 1958, el norirlandés Billy Bingham entraría en vez de Bryan Douglas, por aquello del plus de competitividad: Bingham peleó por arriba con el Everton (4º), Douglas abajo con el Blackburn (16º). Y, en el extremo izquierdo, nos atreveríamos a dejar fuera al enorme Bobby Charlton, que en esa época ocupaba dicha teórica posición, porque no le fue bien en el United (15º). Nos decantaríamos por un wing mucho más puro, el galés Cliff Jones (Tottenham, foto inferior), tan veloz como Gento y que sabía marcar y asistir.

Embed from Getty Images

– Hipotética mejora clasificatoria: la teoría dice que obtendríamos un equipo armónico y compensado, capaz de todo. Lo vemos en condiciones de superar su grupo como primer clasificado por encima de Hungría, Argentina y Bulgaria, y a continuación sería capaz de ganar a Checoslovaquia en cuartos y Yugoslavia en semifinales. Su único verdadero problema se llamaría Brasil en la final. Pronóstico: segundo puesto.

 

MUNDIAL DE INGLATERRA 1966: INGLATERRA CAMPEÓN

 

MUNDIAL DE MÉXICO 1970

– Qué hizo Inglaterra: alcanzó los cuartos de final. En la primera fase, a la defensora del título le tocó el grupo del ‘Brasil de los cinco dieces’, lanzado hacia su tricampeonato, y pasó como segundo por encima de Checoslovaquia y Rumanía. En cuartos de final, la Alemania de Seeler, Müller y Beckenbauer necesitó de la prórroga para ganar a los ingleses por 3-2, y fue el clásico choque memorable en el que ambos merecieron pasar. El fabuloso Gordon Banks, portero titular de los Tres Leones, no pudo jugar por enfermedad: una baja grandiosa, muy agradecida por los germanos.

– Otras selecciones británicas en el torneo: no.

– Once tipo inglés de México ‘70 (en cursiva, jugadores que relevaremos): Gordon Banks / Keith Newton, Brian Labone, Bobby Moore, Terry Cooper / Alan Ball, Alan Mullery, Bobby Charlton, Martin Peters; Francis Lee, Geoff Hurst.

– Cambios en el presunto equipo unificado: 6. Por primera y hasta hoy única vez en la historia, Inglaterra se presentaba a un Mundial defendiendo título, y en su once tipo pervivían seis de los vencedores de 1966. Hay muy poca gente campeona del mundo, así que ese crédito y honor (y su buen rendimiento en el curso 69-70) nos haría mantener a cinco de ellos: el portero Gordon Banks, el líbero y capitán Bobby Moore, el multipulmonar medio Alan Ball, el todocampista Bobby Charlton (el ‘Di Stéfano inglés’) y el goleador Geoff Hurst. Pese a esto, cambiaríamos a más de la mitad del once, y con reemplazos quizá más de lujo que nunca, que nos obligarían también a pasar del 4-4-2 tan inglés al 4-3-3.

Los laterales ingleses Keith Newton (del Everton campeón de Liga) y Terry Cooper (Leeds) eran buenísimos, pero preferiríamos a dos escoceses de órdago en su lugar. En la derecha entraría Tommy Gemmell, de lo mejor de la época, que además servía para las dos bandas y era parte indispensable del Celtic de Glasgow subcampeón de Europa esa temporada (ya ganó la ‘Orejona’ tres años antes). Y, para el lateral izquierdo, Eddie McCreadie, del Chelsea: alto, volcánico, ofensivísimo al estilo brasileño, multigoleador; pocos en el mundo de su nivel. Para complementar a Moore en el centro de la zaga, un tercer compatriota de William Wallace: John Greig, mejor jugador de la historia del Glasgow Rangers, gran tackleador y pasador.

De los tres de la zona media, acompañarían a Ball y Charlton el impresionante Billy Bremner. Hablamos del completísimo, durísimo y colérico medio escocés del Leeds, que fue subcampeón de Liga y Copa esa campaña, y elegido jugador del año en Inglaterra por los periodistas. Y arriba, flanqueando a Hurst en las dos puntas del campo, caviar beluga. A la derecha, el diminuto (1,62) y diabólico escocés Jimmy Johnstone, crack intergeneracional del Celtic. Y, a la izquierda –aunque le daba lo mismo el perfil-, uno de los mayores genios que ha dado el fútbol, el norirlandés George Best (Manchester United; foto de abajo). El alcoholismo empezaba a hacerle mella a sus 24 años, había comenzado un aún poco perceptible declive, pero una pierna suya seguía siendo mejor que casi todos los demás jugadores juntos.

Embed from Getty Images

– Hipotética mejora clasificatoria: esta Selección de Reino Unido habría sido un espectáculo, o eso presumimos, a pesar del calor y la altitud que se vivieron en el Mundial mexicano, desacostumbrados en Europa; de hecho, ese hándicap lo sufrieron también la mayoría de los demás equipos. Nos atrevemos a pronosticar que la ‘Inglaterra enriquecida’ habría podido con la también poderosísima Alemania Federal en cuartos de final (de hecho, estuvo a punto de lograrlo como Inglaterra a secas), aunque damos por bueno que sería superada por la creciente Italia de semifinales. En el tercer y cuarto puesto, batiría a Uruguay.

Pronto, más (1974-1998).

 

¿Y SI REINO UNIDO FUESE UNO EN FÚTBOL? (I)

FABULANDO CON LA HISTORIA (6)

Inglaterra y Croacia se disputan hoy el segundo billete para la final del Mundial de Rusia de 2018. Francia aguarda ya allí. Para los balcánicos, país joven nacido en 1991, sería la primera vez, aunque ya disputaron la final de consolación de 1998, cuando terminaron logrando el tercer puesto. Distinto es el caso de la vetusta Inglaterra, coprotagonista del primer partido internacional reconocido por la FIFA (contra Escocia, en 1872), pero para quien solo sería su segunda final, tras la victoriosa de 1966.

Aquel triunfo –obtenido en casa- más dos semifinales, incluyendo la presente: es todo cuanto ha logrado el combinado de los Tres Leones en la Copa del Mundo. Y es llamativamente poco, si tenemos en cuenta la inmensa influencia de la nación inglesa en este deporte, empezando porque se inventó allí y lo propagaron por el mundo sus marineros, comerciantes y estudiantes.

Una de las razones de esta aparente descompensación es la que vamos a analizar aquí: el país se llama Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, e Inglaterra solo es su parte más populosa. Luego, es fácil y divertido imaginar qué podría haber sucedido si las fracciones no actuaran (voluntariamente) desgajadas en los Mundiales, Eurocopas y demás, a diferencia de lo que sucede en los Juegos Olímpicos, donde –también en fútbol- United Kingdom es solo un equipo. A menudo se especula con las posibilidades de la URSS o Yugoslavia si continuaran existiendo, pero de este ejemplo se habla menos, y es más claro. Porque los británicos ya estaban ahí desde el principio, y siguen estando, pero nunca quisieron comparecer juntos, con la consiguiente merma de su presumible potencial.

Especialmente llamativo es el caso de los años 70 y primera mitad de los 80. En este lapso, los clubes ingleses sumaron 17 de los 48 títulos europeos entre Copa de Europa, Copa de la UEFA y Recopa de Europa. Solo en la máxima competición continental, entre 1977 y 1984 todos los ganadores fueron ingleses (!). Pero, mientras tanto, la Selección de Inglaterra no se clasificó para los Mundiales de 1974 y 1978, y en 1982 cayó en la segunda ronda, sin brillar apenas. ¿A qué se debe semejante contraste? Uno de los motivos que se nos ocurre es que al equipo de todos le faltaban esos brillantes escoceses, galeses y norirlandeses que enriquecían a decenas a los clubes ingleses, donde no ocupaban plaza de extranjero (en la foto inferior, los escoceses Souness, Dalglish y Hansen, alzando la Copa de Europa con el Liverpool en 1981).

Embed from Getty Images

DEJARON ESCAPAR AL JUGUETE: a finales de 1863, los miembros de la incipiente federación inglesa (The Football Asociation, FA) celebraron sus primeras reuniones en la taberna Freemason’s de Londres. Allí se cimentó el reglamento del fútbol, bastante vigente en la actualidad y basado a su vez en experiencias anteriores del protofútbol británico.

En el curso 1871-72 ya había base suficiente para la celebración de la primera FA Cup, la Copa de Inglaterra, aún vivo como torneo nacional oficial más antiguo de la Tierra. El segundo fue la Copa de Escocia (1873), y después vinieron las de Gales (1877) e Irlanda (1880), cuando esta isla también pertenecía por entero a Reino Unido. Casi a la vez fueron surgiendo los respectivos equipos nacionales de los cuatro países, que en la campaña 1883-84 formaron el primer torneo de selecciones de la historia, el British Home Championship: se jugó durante un siglo entero entre los cuatro, aunque la Irlanda primigenia fue sustituida desde los 50 por el combinado específico de Irlanda del Norte.

Este pequeño buceo en la noche de los tiempos sirve para entender que el fútbol tenía ya mucho vuelo en las islas británicas cuando se fundó la federación internacional (FIFA) en 1904, inicialmente radicada en París. Este era el ente destinado a gobernar a las distintas federaciones nacionales, y el hecho es que las cuatro de Reino Unido ya existían por separado desde varios lustros antes. Se fueron afiliando a la FIFA entre 1905 y 1911, aunque tras diversos vaivenes salieron de la mano en 1928, por discrepancias -de moda en aquella época- sobre los límites a los deportistas profesionales.

Por esto, la creadora del fútbol y sus tres veteranos vecinos no participaron en las Copas del Mundo de 1930, 1934 y 1938. Tras el parón general de la Segunda Guerra Mundial, volvieron todas a la FIFA en 1946, así que las eliminatorias de clasificación para el Mundial de Brasil 1950 serían el primer contacto británico con las competiciones internacionales de fútbol, si excluimos las primeras ediciones de los Juegos Olímpicos modernos.

Aun lleno de problemas y deserciones, el invento británico del balón y las porterías había ido evolucionando en toda Europa y América, que había alcanzado a los isleños. Para ellos, medio en broma o medio en serio, el único campeonato mundial válido hasta entonces había sido el local, el British Home Championship. Pero sus selecciones seguían disputando amistosos, donde ya habían comprobado que eran mortales. Fue muy sonada la primera derrota inglesa fuera de sus pagos, sucedida en 1929 en el estadio Metropolitano de Madrid (4-3 para España).

PERÍODO Y BASE DE FABULACIÓN: por tanto, nuestra intención es reflexionar sobre las posibilidades que habría podido tener un equipo británico unificado en los Mundiales que van desde Brasil 1950 (como hemos dicho, primero en que se encontraban inscritos en la FIFA) y Francia 1998. Vamos a saltarnos uno, que es el de Inglaterra 1966, porque es el que ganó el propio combinado inglés, pese a no contar con jugadores del resto del territorio británico (foto inferior).

Embed from Getty Images

Y hemos puesto el límite en el último Mundial del siglo XX (actualización: finalmente, frenaremos en 1982) por dos motivos: primero, porque el deporte del siglo XXI nos gusta menos. Y segundo, debido a que a partir de los años 90 se nota el claro bajón del fútbol escocés (el segundo gran polo británico) en el panorama europeo, tanto por clubes como por selecciones. Es decir, la selección inglesa actual se parece mucho más a un combinado de toda Gran Bretaña y norte irlandés que antes, salvo casos de jugadores puntuales como el galés Gareth Bale.

Sí, nuestra especulación estará basada en Inglaterra. De las cuatro nacionalidades británicas, es futbolísticamente la más potente, de largo además. Es lógico: a igualdad de pasión futbolera, no olvidemos que Inglaterra cuenta con más de 50 millones de habitantes, por menos de 5,5 que tiene Escocia, poco más de 3 millones de Gales y menos de 2 millones de Irlanda del Norte. Por lo que respecta a sus selecciones balompédicas, de los 11 Mundiales que abarca el período 1950-1998 (*) (recordemos que excluimos el de 1966), los de los Tres Leones han estado presentes en nueve, y solo un par de veces no superaron la primera fase. Escocia ha estado en ocho, pero jamás superó la primera liguilla; Irlanda del Norte, en tres; y Gales, en uno. Por cierto, a partir del siglo XXI, ninguna de estas tres ha entrado en la fase final del Mundial.

(*) Finalmente, pararemos en 1982, como explicaremos cuando toque.

Por tanto, para cada Copa del Mundo, partiremos del once tipo que presentó Inglaterra en el campeonato (o, si no se clasificó, en los últimos partidos internacionales antes de la cita), y trataremos de enriquecerlo con algunos elementos escoceses, galeses y norirlandeses, siempre que nos parezcan claramente mejores que los ‘titulares’ ingleses y que ocupen posiciones en el campo iguales o similares. A partir de ahí, especularemos sobre las posibilidades de mejora de las que habrían disfrutado los ingleses enriquecidos con otros británicos.

EXPOSICIÓN DE CRITERIOS: ahora bien, ¿cuándo consideraremos que un británico no-inglés merecerá arrebatarle el puesto en el once a un inglés de pura cepa? Bueno… va a ser difícil decidirlo, pero haremos lo que podamos. En caso de duda, no tocaremos nada.

A medida que nos acercamos a la actualidad, contaremos con más elementos de juicio para decidir estos cambios. Se irán añadiendo y complementando con los primeros. Y, por fin, por encima de todo estará la opinión subjetiva del autor.

1) Elementos de juicio desde 1950:

– Selecciones británica clasificadas para el Mundial.

– Resultados del British Home Championship (desapareción en 1984).

– Aportación decisiva de británicos no-ingleses en los clubes punteros de la Liga de Inglaterra. Y, también, situación puntual de estos individuos (jugadores con gran trayectoria y renombre serán automáticamente descartados si las lesiones les dejaron intervenir poco en la temporada mundialista).

Listado de los 50 mejores jugadores escoceses de la historia, según los periodistas del diario The Herald de Glasgow.

Selección del mejor equipo galés de todos los tiempos, según la web de noticias futbolísticas www.hitc.com.

Selección del mejor equipo norirlandés de todos los tiempos, según www.hitc.com.

2) Elementos extra desde 1958:

– Aportación decisiva de británicos no-ingleses en los clubes ingleses que llegaron lejos en competiciones europeas (la Copa de Europa nació en la temporada 1955-56; la Copa de Ferias -más tarde, Copa de la UEFA-, en 1958; y la Recopa de Europa, en la campaña 1960-61.

– Británicos que hayan obtenido una cantidad significativa de apoyos en las votaciones del Balón de Oro (premio nacido en 1956).

3) Elementos extra desde 1974:

– Jugadores presentes en el PFA Team of the Year, un equipo ideal de jugadores de la Liga inglesa elegido por los miembros de la Asociación de Futbolistas Profesionales (PFA). También se tendrán en cuenta el premio al mejor jugador de la temporada que también entrega la PFA; y el galardón similar de la FWA, entregado por la asociación de periodistas especializados en fútbol desde 1947-48 (pero que no afecta a nuestra especulación hasta los 70).

Pronto, los resultados de esta pequeña locura.

(Pincha aquí para revisar la segunda parte, 1950-1970)

(Pincha aquí para revisar la tercera parte, 1974-1982)

LA OTRA BÉLGICA SUBLEVADA (1980-86)

POTENCIAS DE ÉPOCA (4)

La Bélgica de Courtois, Kompany, De Bruyne, Hazard o Lukaku se mide hoy a Francia por un puesto en la finalísima del Mundial de Rusia 2018. La calidad del grupo es indiscutible, viene madurando en compañía durante los últimos años y tiene delante una oportunidad mágica de situarse entre los ‘grandes’. Le resta completar ese paso irreversible y complicado, el de plasmar las potencialidades en resultados tangibles. Un paso que ya comenzó a dar el otro día en cuartos, cuando eliminó al pentacampeón Brasil (2-1). Le falta culminar su particular sublevación contra las órdenes que dictan la demografía y la historia.

A la espera de saber si alcanza esa nueva dimensión, por ahora esta Bélgica solo ha igualado los logros mundialistas de sus compatriotas de principios y mediados de los 80. Por entonces, el país de los flamencos y valones, poco poblado en términos relativos (en torno a 10 millones de habitantes), consiguió clasificarse para cuatro grandes torneos consecutivos entre Eurocopas y Mundiales, y llegó lejos en dos de ellos (abajo, alineación en la final de la Euro ’80). En el último, los ‘Diablos Rojos’ tuvieron la mala suerte de toparse con el mejor ‘Pelusa’ de siempre. Para fortuna de sus herederos, los Maradonas actuales ya se han apartado del camino.

Embed from Getty Images

– Hitos belgas de aquella era: entre 1958 y 1980, Bélgica solo había podido clasificarse para un Mundial y una Eurocopa, y solo esta le fue bien (tercer puesto en 1972). Pero, desde el inicio de la década ochentera, enlazó resultados muy notables: subcampeonato de la Euro ‘80, liguilla de cuartos en España ‘82 y semifinales en México ‘86.

– Algunos figurones: Jean-Marie Pfaff (internacional 1976-87), uno de los mejores guardametas europeos de los 80; Éric Gerets (1975-91), lateral derecho completo y líder; Michel Renquin (1976-87), defensa durante todo la era; Walter Meeuws (1977-84), otro zaguero central de época; Wilfried Van Moer (1966-82), incansable centrocampista, enlace entre generaciones; Ludo Coeck (1974-84), fenomenal medio o extremo, de enorme disparo; René Vandereycken (1975-86), gran centrocampista de banda; Enzo Scifo (1984-98), genial ‘10’, niño prodigio belga; Franky Vercauteren (1977-88), dinámico interior o extremo de clase; Jan Ceulemans (1977-91), mediapunta o extremo alto, técnico y goleador; Erwin Vandenbergh (1979-91), espigado ariete, muy anotador; Nico Claesen (1983-90), otro centrodelantero de olfato; Guy Thys, entrenador de todo el ciclo.

ANTECEDENTES: favorecido por situarse cerca de las islas británicas, el fútbol estaba muy extendido por Bélgica ya a finales del siglo XIX, y su primera Liga se creó en 1895. El primer partido de la Selección que reconoce la FIFA es de 1904, un 3-3 contra la vecina Francia. Y el primer gran torneo futbolístico en el que participó fueron los Juegos Olímpicos de 1920, celebrados en casa, con final en Amberes. No sin polémica, aquellos ancestros de los ases de hoy se colgaron el oro, aunque cuando ganaban por 2-0 el adversario, Checoslovaquia, abandonó el campo quejándose del arbitraje. En tiempos premundialistas, aquello era lo más parecido a un Mundial, aunque más bien se trató de una protoEurocopa, porque de todos los participantes solo Egipto se salía de los límites del Viejo Continente.

En teoría, aquel es el gran éxito del balompié del país, y ha pasado prácticamente un siglo. Fuera del calor del hogar, durante varias décadas Bélgica se situó entre la clase media internacional, un rango meritorio para lo comparativamente escasa que es su población. Fue uno de los cuatro países europeos que aceptó la invitación para participar en el primer Mundial, el de Uruguay 1930, y se convirtió en un fijo del torneo global hasta 1954, aunque en ese lapso jamás logró pasar de la primera ronda. Solo faltó a Brasil 1950, pues ni siquiera se presentó a las eliminatorias, alegando costes que no estaban a su alcance.

En cambio, entre la segunda mitad de los 50 y finales de los 70, los llamados ‘Diablos Rojos’ perdieron muchísimo caché deportivo. Entre Copas del Mundo y Eurocopas –estas empezaron en 1960-, solo se pudieron meter en dos de los 11 grandes torneos de ese segmento temporal, y además muy seguidos: Mundial de México 1970 (cayó de nuevo a las primeras de cambio) y Eurocopa de 1972, cuya fase final se celebró precisamente en Bélgica. Los anfitriones llegaron a semifinales, donde fueron batidos por los soviéticos (0-1); enseguida, superaron a los húngaros (2-1) y lograron un inesperado tercer puesto. Pero ese inicio setentero fue un oasis.

LO PRIMERO, UN CAMPEONATO SERIO: cuando a un equipo español le corresponde jugar con un belga en competiciones europeas, prácticamente se da por hecho que ganará el primero. Pero hubo un tiempo en que no era ni mucho menos así. Desde mediados de los 70 y durante buena parte de los 80, varios clubes del país asociado a chocolate y cerveza llegaron muy lejos en los torneos internacionales. Por ejemplo, el Anderlecht de Bruselas conquistó dos Recopas y una Copa de la UEFA, así como alcanzó otras dos finales y un par de semifinales entre las tres competiciones que había entonces. Y no solo era él: el Brujas perdió contra el Liverpool sendas finales de UEFA y Copa de Europa (¡pero, para perderlas, hay que poder jugarlas!), el Standard de Lieja llegó a otra de Recopa, y otros varios (Molenbeeck, Lokeren, Waterschei, Beveren, Waregem…) escalaron hasta cotas inimaginables en la actualidad.

Esto es, la pequeña Bélgica poseía un nivel muy alto de clubes. Casi ninguno de sus internacionales probaba suerte en otros lares (empezó a suceder a mediados de los 80), en una época en que los campeonatos más importantes incluían limitaciones proteccionistas al talento exterior. Pero, además, los equipos punteros mejoraron con un puñado de extranjeros de cierto renombre, como los ‘tulipanes’ Rensenbrink y Haan, titulares de aquella Holanda subcampeona planetaria en 1974 y 1978; los daneses Morten Olsen y Preben Elkjaer-Larsen, los referentes polacos Lato y Lubanski, etcétera. Este caldo de cultivo de alta competitividad reforzó a una buena generación de talentos locales, acostumbrados a competir con sus escuadras tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Y ahí detrás, observándolo todo y moviendo hilos, estaba él, un hombre serio llamado Guy Thys. Había sido delantero en los 40 y 50; nada más colgar las botas, se puso a entrenar equipos de su patria; y, en 1976, fue nombrado seleccionador. Sería el único ocupante del banquillo rojo hasta 1991, quitando unos meses de paréntesis entre 1989 y 1990. Y no tardó mucho en forjar una Selección competitiva a más no poder, sobre todo sólida, que sacó lo máximo de lo que el mercado local ofrecía. No le pidamos jogo bonito, porque no había jugadores para eso. Thys supo combinar juventud y veteranía, cambiar de esquema durante el partido o de un encuentro al siguiente. Y puso a la Bélgica-equipo nacional al nivel de sus clubes.

SORPRESA REPETIDA DEJA DE SERLO: La Eurocopa de Italia 1980 fue la primera en que este campeonato de selecciones se diseñó como un torneo de entidad. El Europeo de selecciones nacido en 1960, pero hasta esta cita se parecía a la Euroliga de Baloncesto: eliminatorias a ida y vuelta a lo largo muchos meses -incluso más de un año- y apenas los semifinalistas concentrados en una Final Four. En Italia ‘80 ya se albergó a dos grupos de cuatro equipos, cuyos campeones iban a jugar la finalísima (los segundos de cada liguilla pelearían por el bronce). No se esperaba siquiera que Bélgica estuviera allí, pero lo consiguió tras ganar los cuatro últimos encuentros de la liguilla clasificatoria, superando a Austria, Portugal, Escocia y Noruega.

Ya en el Bel paese, le correspondió el grupo más fuerte, que concentraba a Inglaterra, España y la Nazionale. Y Bélgica dio una lección de firmeza: 1-1 contra los británicos, victoria 2-1 frente a los ibéricos y resistencia contra Italia, sabiendo de antemano que el 0-0 le servía por la diferencia de goles. En la gran final del Olímpico de Roma, los ‘Diablos Rojos’ no pudieron contener ya a la Alemania Federal de Rummenigge, Schuster y Stielike (1-2), a la que no obstante dieron mucho trabajo. La prueba es que los teutones no terminaron de imponerse hasta un córner cabeceado certeramente por el gigantón Hrubesch en el minuto 88.

Que aquello no era casual lo constataron los belgas en el grupo de clasificación para el Mundial de España 1982. Constaba de cinco equipos, y los dos primeros accederían a la fase final. Y Bélgica sorprendió liderando la tabla por delante de la Francia de Platini, una potencia en el inicio de su apogeo, así como de Irlanda, la vecina Holanda (ya rescoldos de la bisubcampeona del mundo) y Chipre. Los de Thys se impusieron en los cuatro partidos disputados ante su público del estadio Heysel.

En esa Copa del Mundo, fue cambiando de cara. Siempre parca en goles, la escuadra dio una relativa sorpresa al vencer a la Argentina de Maradona y Kempes (0-1) en el choque inaugural del campeonato, disputado tras la ceremonia de apertura en el Nou Camp barcelonés (a ese partido corresponde la gloriosa foto inferior; parezca lo que parezca, ganaron los belgas…). A continuación, solo pudo vencer por 1-0 a El Salvador, que venía de ser arrastrado por Hungría (¡10-1, la mayor diferencia nunca vista en el Mundial), pero evidentemente los centroamericanos salieron a cubrirse en su segunda comparecencia. Y contra los magiares, tablas (1-1) y a la liguilla de cuartos. ¡Primera fase superada, por primera vez en su existencia!

Embed from Getty Images

Sin embargo, el duelo contra Hungría empezó a cavar la fosa belga en aquel Mundial. Un fuerte encontronazo entre dos compañeros, el portero Pfaff y el lateral y capitán Gerets, significó una luxación de hombro para el cancerbero y una conmoción cerebral para el defensa. Ambos pilares de retaguardia causaron baja para los dos encuentros del grupo. Y la solidez Bélgica –incluso su ataque- se desplomó en el 0-3 que le endosaron los polacos, hat trick de un tal Boniek. Custers, el sustituto bajo palos, sembró tantas dudas que el siguiente encuentro se puso los guantes Munaron, el tercer portero. Los chocolateros debían batir por mucha diferencia a la URSS si querían pasar, y perdieron otra vez (0-1), con el mal gusto de dejar el Mundial con los peores resultados de todos los grupos de segunda fase.

El año más flojo.

En el verano de 1984 tocaba nuevo torneo importante, la Eurocopa de Francia 1984. Antes, entre 1982 y 1983, los discretos hombres colorados habían superado sin despeinarse a Suiza, Alemania Democrática y Escocia en la fase de clasificación; vistos los precedentes, ya no podía considerarse noticioso. Además, algunos de sus jugadores se habían aventurado fuera de los confines patrios: Pfaff guardaba ya la portería del todopoderoso Bayern de Múnich, donde se consolidaría como mito, aunque a Gerets y Coeck no les iría bien en Milan e Inter, respectivamente. En realidad, Gerets, otrora capitán, había salido de la Selección tras un escándalo de amaño de partidos.

Y Thys empezaba a dar entrada a savia nueva, como el delantero Claesen y, sobre todo, el increíble medio creativo Scifo, de 18 años, llamado a hacer saltar la banca en el fútbol continental (decir que se quedó a medias sería hasta exagerar). Aquella Euro resultó, empero, el punto más bajo del ciclo. Los belgas debutaron ganando a Yugoslavia (2-0), pero fueron masacrados por la mejor Francia de siempre (0-5) y volvieron a caer contra los prometedores daneses (2-3). El subcampeón vigente no podría defender subtítulo, ni podio.

Saltemos ahora a la clasificación para el Mundial de México 1986, disputada entre 1984 y 1985. A Bélgica le tocó un grupo corto, de cuatro equipos, que daba una plaza directa más una posibilidad de repesca. El único rival verdadero era la Polonia de Boniek, como se demostró, ya que los otros dos componentes eran Grecia y Albania. Y los ‘Diablos Rojos’ tuvieron que apretar los dientes, sobre todo tras dos resultados inesperados a domicilio: en solo tres días, empataron contra los helenos (0-0) y doblaron la rodilla contra los albanos (2-0). Las alarmas empezaron a berrear, pero Bélgica se rehízo, recuperó a veteranos como Gerets (foto de abajo) y terminó segunda de grupo, empatando a casi todo con los polacos, incluida la diferencia de goles. No pasó directa al Mundial por haber marcado menos tantos en la liguilla…

Embed from Getty Images

El emparejamiento de repesca deparó ‘derbi’ contra Holanda (habían sido el mismo país durante buena parte de su historia), que luchaba por volver arriba. De nuevo entrenaba a la Oranje Rinus Michels, que ahora dirigía a un grupo de jóvenes superdotados aunque todavía poco conocidos, llamados Van Basten, Gullit o Rijkaard. En esto, una semana antes de iniciarse la eliminatoria, la delegación belga recibió un bombazo: se había matado en accidente de tráfico Ludo Coeck, uno de los símbolos de los últimos años, que en ese momento no estaba en la selección, pero luchaba por volver. Quién sabe si las ganas de honrar al desaparecido también dieron energía extra a sus compañeros, que se impusieron 1-0 en su tierra y perdieron por un válido 2-1 en Rotterdam. El defensa Grun marcó el gol de visitante, el que daba el pasaje mundialista, en el minuto 85…

A los ‘Diablos’ les faltó ‘Él’

Y, ya en tierras mexicanas, los belgas sufrieron de calor –como todos los europeos- y, en ocasiones, de altura –como casi todos los equipos-. Pero siguieron demostrando su enorme capacidad de supervivencia. Superaron la primera fase con lo justo, como uno de los mejores terceros de grupo: cayeron el Azteca contra el envalentonado anfitrión (1-2), superaron por poquito al debutante Iraq (2-1) y empataron contra Paraguay (1-1). En octavos de final se soltaron, batiendo tras prórroga a la URSS en espectacular 4-3 (2-2 en el tiempo reglamentario), emocionantísimo y agotador. Y, en cuartos, un malísimo encuentro contra una España favorita y superior terminó con 1-1 después del alargue. Los de Thys se clasificaron gracias a su mejor desempeño en la tanda de penaltis (5-4).

Ahí estuvo el tope belga, hasta ahora también de las sucesivas ediciones. En semifinales, de vuelta al Estadio Azteca, esperaba quien ya nadie quería tener enfrente, la Argentina del mejor Maradona, que acababa de echar a Inglaterra merced a sus dos goles más recordados (la ‘Mano de Dios’ y el ‘Gol del Siglo’). Los miedos eran fundados, pues de nuevo el ‘Pibe de Oro’ se bastó para desnivelar un encuentro de pocas ocasiones: metió la bota con habilidad para apuntarse el primero, y sembró el pánico con otro ‘slalom’ antológico para lograr el segundo (0-2). En perfecto italiano –aprendido en su año en el Milan-, un cariacontecido Gerets resumió el partido ante las cámaras: “La única diferencia” entre unos y otros, subrayó, “es que ellos tienen a Maradona y nosotros no”.

A Bélgica le quedaba el séptimo encuentro, el del tercer cajón del podio. Se enfrentó a Francia, que había caído en su semifinal contra Alemania Federal. Y, aunque los galos alinearon a un carrusel de suplentes, vencieron por 2-4. En cualquier caso, nadie esperaba unos ‘diablos’ tan longevos. Prácticamente, lo mismo que habríamos dicho en cualquier momento del anterior sexenio.

BAJADA PROGRESIVA Y REBOTE: unos cuantos de los rojos que participaron en el histórico torneo global de 1986 siguieron hasta Italia 1990 y más allá. Pero, en realidad, la chispa de la Selección se fue apagando. Podríamos decir que volvió a resituarse entre aquella clase media, más propia debido a su contexto. Y, aunque Bélgica participó en todos los Mundiales entre 1990 y 2002, nunca escaló más allá del primer cruce de octavos de final. En el torneo continental le fue peor: solo en 2000 se ganó el billete, y apenas duró los tres partidos de la primera ronda.

El siglo XXI estaba resultando yermo para Bélgica, hasta que irrumpió la actual generación, puede que mejor que la que hemos revisado. Por ahora, cuartofinalista en el Mundial de Brasil 2014 y la Eurocopa de Francia 2016. Y, en Rusia…

 

EL DÍA QUE BRASIL PERDIÓ (III) (1990-2018)

LA PRIMERA O ÚNICA VEZ (8)

Cerramos esta serie de recuerdos sobre los no-triunfos brasileños en la Copa del Mundo, incluyendo en esta tercera y última entrega la eliminación de esta semana contra Bélgica. Las derrotas de la Canarinha siempre son noticia, porque el país del fútbol se ha impuesto prácticamente en uno de cada cuatro Mundiales.

(Pincha aquí para leer la primera parte, 1930-1950)

(Pincha aquí para leer la segunda parte, 1954-1986)

ITALIA 1990

– Así llegó al Mundial: como relata el escritor Brian Glanville en su imprescindible ‘La historia de la Copa del Mundo’, en 1990 Brasil “estaba atravesando otro de sus períodos de intentar ser más europea que los europeos”. Esta vez lo hizo de la mano de su nuevo seleccionador, Sebastiao Lazaroni, que en realidad accedió al cargo en 1989, y de forma inmejorable: triunfando en la Copa América disputada en suelo brasileño, un cetro sudamericano que la Seleçao llevaba cuatro increíbles décadas sin ostentar. De paso, era el primer triunfo amarillo en un campeonato oficial de relieve desde el Mundial de México 1970, lo otorgaba cierto crédito a su preparador.

Acto seguido, Brasil se impuso también en su grupo de eliminatorias sudamericanas. Superó a Venezuela y a Chile pese al famoso simulacro de agresión del portero Roberto Rojas, un intento de clasificarse por descalificación del rival que le salió mal al meta chileno: fue suspendido de por vida. Pero algo chirriaba en aquella nueva versión contracultural de Brasil. Lazaroni implementó una defensa de cinco, con dos carrileros y líbero; un esquema de moda en Viejo Continente, pero tomado como excesiva concesión a la solidez en su país. Tenía un equipazo, de nuevo con el depredador Careca dispuesto a golpear, pero no encandilaba. El Mundial dictaría sentencia.

– Dónde estuvo su techo: en octavos de final. Sin alardes y sin problemas, la Canarinha terminó líder del Grupo C, tras ganar por la mínima sus tres encuentros: a Suecia (2-1), Costa Rica (1-0) y Escocia (1-0). Pero, a veces, el destino fomenta el morbo: su par en el primer cruce sería la Argentina de Maradona, que se había metido de milagro como una de las mejores terceras. El ‘Pibe de Oro’, el hombre de la portentosa actuación de hacía cuatro años, tenía una pierna machacada, y varios de sus compañeros también padecían problemas físicos. Pero eran los campeones, y en el clásico sudamericano nunca es coser y cantar.

– El partido del adiós: como se suele decir, si llega a repetirse aquel choque 100 veces, Brasil habría ganado en 97 o más, pero le tocó vivir una de las otras tres. Empecemos por comentar que se celebró en el estadio Delle Alpi de Turín, patria de la Juventus, donde detestaban a Maradona y su Napoli. Por eso, la práctica totalidad del público alentaba a la Seleçao, que no tenía a un ‘napolitano’ sino a dos (Careca y Alemao), pero no es lo mismo. Y además, durante la primera hora, el baño que Brasil le dio a la Albiceleste fue de época.

Argentina apenas salía de su campo, pero no solo era dominio territorial: varios postes, varias intervenciones del portero, remates a bocajarro que se marchaban fuera… La Albiceleste apenas amenazaba, pero seguía viva cuando las energías brasileiras empezaban a escasear. Y, en el minuto 81, el inédito Maradona realizó su única jugada de Italia 1990 digna de México 1986: se escabulló de varios adversarios, y ya trastabillado (foto de abajo), soltó una asistencia perfecta con la diestra (su zurda mágica estaba herida) para que Caniggia definiera solo frente al portero Taffarel. Aún desperdició Brasil alguna oportunidad clarísima, pero 0-1 y adiós, en su mejor actuación.

Embed from Getty Images

No podemos pasar por alto que aquí sucedió el famoso ‘Caso Branco’. Como han corroborado con el tiempo incluso los futbolistas argentinos de la época, hacia el final del primer tiempo hubo un parón para atender a un lesionado, y unos y otros aprovecharon para refrescarse. Branco pidió líquido a los gauchos, y le dieron de beber de un botellín que, supuestamente, esta preparado con somníferos, por si algún ingenuo caía. Evidentemente, Branco se esfumó aunque siguiera sobre el césped hasta el final. Habría sido una de las tretas del seleccionador argentino, Carlos Bilardo. Oficialmente nunca existió, pero la FIFA debería haber echado a Argentina… y mantenido a Brasil.

– Última alineación: Taffarel; Jorginho, Ricardo Gomes (cap), Mauro Galvao (Renato Gaúcho, m. 83), Ricardo Rocha, Branco; Dunga, Alemao (Silas, m. 83), Valdo; Müller, Careca. Entrenador: Sebastiao Lazaroni.

 

ESTADOS UNIDOS 1994: CAMPEÓN

 

FRANCIA 1998

– Así llegó al Mundial: la Verdeamarela había conquistado su cuarta Copa en 1994, pero a la prensa y al público no les gustó el juego conservador que practicó el equipo de Carlos Alberto Parreira. Sin tiempo casi para celebraciones, el ‘míster’ marchó a dirigir al Valencia español, donde no le iría bien, y su sustituto fue su propio ayudante. Pero este no era cualquiera, sino el veterano Mário Zagallo, de 66 años, bicampeón como jugador (1958 y 1962), y que ya había guiado al equipo de todos en dos Mundiales: el fabuloso de 1970 (tercer título) y el decepcionante de 1974.

Ahora, las alineaciones de Zagallo ofrecían más posibilidades ofensivas que las de Parreira, al menos por acumulación de fenómenos: dos flechas en los laterales, como Cafú y Roberto Carlos; dos mediapuntas espectaculares como Leonardo y Rivaldo; y, arriba ‘O Fenómeno’ Ronaldo Nazario, que –todavía con las rodillas sanas- aspiraba a ser el mejor delantero de la historia. Con estos mimbres, el 1997 brasileño fue espectacular: doblete victorioso en Copa América y Copa Confederaciones.

La decisión más controvertida de Zagallo fue sin embargo la exclusión de Romário, estrella brasileña en la victoria de 1994 y a gran nivel en dicho 1997. ‘O Baixinho’ padecía una lesión muscular y juró que haría todo lo posible para poder entrar después de la primera fase. Habría llegado en baja forma a los cruces, pero tampoco destacaba por correr, salvo cuando olía a gol. Siempre se dijo que, en realidad, ni Zagallo ni su auxiliar Zico le querían cerca, porque no le tragaban. Así se rompió la dupla de ensueño que presuntamente habrían integrado Romário y Ronaldo. En vez del primero formó Bebeto, otro héroe de la Copa anterior que ya no parecía al nivel de entonces.

– Dónde estuvo su techo: en la final, la primera en la que Brasil caía derrotado en su historia, con permiso del ‘Maracanazo’ de 1950 (aquello no fue estrictamente una final, sino el último partido de una liguilla por el título).

La Verdeamarela fue una montaña rusa hasta el último encuentro. En la fase de grupos, ganó a Escocia jugando mal (2-1) y a Marruecos jugando bien (3-0), lo que ya le dejaba matemáticamente primera, y salió pitada en su derrota contra Noruega (1-2). Se empezó a gustar ante Chile en octavos (4-1); supo remontar contra la Dinamarca de los Laudrup en el lindo encuentro de cuartos (3-2); y únicamente los penaltis decidieron que eliminaba a Holanda en semifinales, tras un 1-1 en otro bonito choque. Solo la anfitriona Francia, que estaba siendo el mejor conjunto del torneo, quedaba como obstáculo para el pentacampeonato.

– El partido del adiós: empezó a decidirse varias horas antes del pitido inicial. Quizá debido a la inmensa presión que tenía que soportar, el crack Ronaldo empezó a convulsionar y fue hospitalizado en la misma tarde de la final. Nunca se le encontró ninguna explicación a aquello, puede que fuera una mera venganza puntual de su propio organismo. A pesar del episodio, Zagallo decidió que jugara, como quería el delantero. Fue un error futbolístico, porque actuó un Ronaldo fantasmagórico, pero además corría un riesgo grave para su salud. Para más inri, sufrió un brutal encontronazo contra el portero francés Barthez (foto).

Embed from Getty Images

Durante los 90 minutos en sí, no hubo color. La Francia del maestro Zidane controló la situación todo el tiempo, ante una Canarinha que nunca se metió en el encuentro, quizá colectivamente traumatizada por la crisis de su estrella. Precisamente ‘Zizou’ aprovechó sendas jugadas a pelota detenida y bigoleó de cabeza antes del descanso (para nada el testarazo era su especialidad). Mediado el segundo tiempo, los galos se quedaron con 10, pero nunca sufrieron muchos apuros defensivos, y remataron con una contra fantástica en el añadido. Un 0-3 inapelable.

– Última alineación: Taffarel; Cafu, Júnior Baiano, Aldair, Roberto Carlos; Leonardo (Denílson, m. 46), César Sampaio (Edmundo, m. 74), Dunga (cap), Rivaldo; Bebeto, Ronaldo. Entrenador: Mário Zagallo.

 

JAPÓN Y COREA 2002: CAMPEÓN

 

ALEMANIA 2006

– Así llegó al Mundial: Brasil defendía corona por quinta vez. En 2002 conquistó su hasta ahora última Copa del Mundo en el Lejano Oriente. El seleccionador de la victoria, Luiz Felipe Scolari, forjó fue un equipo repleto de ases pero a la vez muy competitivo, sin concesiones a la brillantez pero con dinamita arriba, donde decidían Rivaldo y Ronaldo (13 goles entre ambos). Pero Scolari buscó nuevos retos tras el triunfo, y para 2006 se recurrió a un técnico tenido por aún más resultadista: el discutido artífice del éxito en Estados Unidos 1994, a la sazón Carlos Alberto Parreira, de vuelta más de una década después.

Parreira pareció algo más osado que en su anterior paso por el combinado patrio, al menos en las alineaciones, donde frecuentemente compaginó a dos arietes del mismo perfil (Ronaldo y su ‘heredero’ Adriano) y dos fantasistas como Ronaldinho y Kaká, vencedores pasado y futuro del Balón de Oro. En concreto, Ronaldinho acababa de completar su temporada de clubes más portentosa con el Barcelona, y estaba considerado el mejor y más carismático futbolista –e incluso artista- del momento. Pero otros ya no parecían tan poderosos, como Roberto Carlos y Cafu, los laterales titulares una vez más, y el propio Ronaldo Nazario, con las rodillas devastadas y kilos de más para lo que es un deportista.

– Dónde estuvo su techo: en cuartos de final. Pasó la liguilla de primera ronda sin dar la impresión de echar mucha carne en el asador, y de nuevo ahorrándose la mayor parte de su capacidad de espectáculo. Batió 1-0 a Croacia, 2-0 a Australia y 4-1 a Japón, y solo divirtió en este último cotejo. En octavos, la entusiasta Ghana fue poco para la Seleçao (3-0 sin despeinarse), y Ronaldo logró su 15º gol mundialista, plusmarca de todos los tiempos en ese momento. Francia iba a ser el primer adversario de entidad con el que se toparían nuestros verdeamarelos.

Embed from Getty Images

– El partido del adiós: como ocho años antes, la Seleçao chocó contra el maestro Zidane (arriba). El galo dio un show de orfebrería durante todo el encuentro, y su equipo manejó el encuentro a su antojo, con una suficiencia pasmosa ante el gigante al que se enfrentaba. Todo lo hizo mejor Francia, y ninguna de las estrellas atacantes brasileñas funcionó. El 0-1, logrado en chut de Henry a saque de falta de Zidane al segundo palo, fue un resultado corto.

– Última alineación: Dida; Cafu (cap; Cicinho, m. 76), Lúcio, Juan, Roberto Carlos; Juninho Pernambucano (Adriano, m. 63), Gilberto Silva, Zé Roberto; Kaká (Robinho, m. 79); Ronaldinho, Ronaldo. Entrenador: Carlos Alberto Parreira.

 

SUDÁFRICA 2010

– Así llegó al Mundial: ya nos hemos metido mucho en el siglo XXI, y semejante modernidad no nos llena tanto, pero sigamos. Dunga, otro que no destacaba por la lírica cuando era jugador, ocupó el siempre desgastante banquillo brasileño. Y formó un bloque a su imagen y semejanza, sobre todo guerrillero, pero adornado con la calidad de los cuatro más adelantados. Sin embargo, ya no quedaba casi nadie que recordara a los figurones universales de pocos años antes. Ronaldo (prácticamente retirado) y Ronaldinho (dimitido como crack máximo) no estaban convocados, y Kaká, a priori estrella del conjunto, no había llevado un buen año en el Real Madrid.

– Dónde estuvo su techo: cuartos de final, otra vez, y también para caer contra el primer adversario realmente de su tamaño. En la primera ronda, Brasil se mostró compacto y con ataques fulminantes a ráfagas, lo que le sirvió para vencer a la siempre anónima Corea del Norte (2-1) y a Costa de Marfil (3-1); el tercer partido, contra Portugal, ya era de trámite (0-0). En octavos, la ambiciosa selección chilena de Marcelo Bielsa fue finiquitada bien (3-0). Holanda, que llevaba dos ediciones sin brillar, había vuelto por sus fueros y esperaba en el antepenúltimo peldaño.

– El partido del adiós: este duelo es un ejemplo de como un castillo de naipes se puede desmoronar moviendo una sola carta. Hasta el minuto 54, el único pecado de Brasil fue desaprovechar su superioridad para hacer más sangre. No fue un dominio aplastante, pero casi todos los avances eran sudamericanos. Los de Dunga iban por delante desde el minuto 9, gracias al tanto de la estrella fugaz Robinho tras sensacional envío lejano del mediocentro Felipe Melo. Este último la lió entre el 54 (gol en propia puerta) y el 72 (roja directa por entradón). Ya antes, en el 68, el bajito ‘tulipán’ Sneijder había marcado de cabeza el 1-2 final, mucho premio para la Oranje. Los brasileños, incrédulos, fueron incapaces de crear más peligro.

– Última alineación: Júlio César; Maicon, Lúcio (cap), Juan, Bastos (Gilberto, m. 61); Gilberto Silva, Felipe Melo; Dani Alves, Kaká, Robinho; Luís Fabiano (Nilmar, m. 76). Entrenador: Dunga.

 

BRASIL 2014

– Así llegó al Mundial: por segunda vez en su vida tras la de 1950, la FIFA había designado a Brasil para organizar la cita balompédica más importante de la Tierra. Brasil, el país del fútbol, en busca de su sexto entorchado. Para eso, el país renovó el estadio de Maracaná (Río de Janeiro) y otras muchas infraestructuras, entre amplias protestas de la población por el exceso de gastos, que se podrían haber destinado a fines mucho más urgentes y encomiables. Es decir, el ambiente no era el mismo de 68 años antes, y aquel ya terminó como terminó.

No solo la responsabilidad brasileña era enorme, sino que además se sabía que sus jugadores, siendo buenísimos, no eran ya tan superiores como en décadas anteriores, ni siquiera sobre el papel. La gran esperanza se llamaba Neymar, un chaval de 22 años y fabulosa habilidad para regatear, golear y asistir como extremo izquierdo o mediapunta. Había cumplido un primer curso solo mediano en el Barcelona, pero llevaba el sagrado 10, como presunto y enésimo heredero de Pelé. Y, para darle mayor empaque al proyecto, había regresado Luiz Felipe Scolari, el técnico del último triunfo global (2002). Del amplio abanico de entrenadores calificados como ‘resultadistas’ que habían guiado a Brasil desde Italia 1990, ‘Felipao’ era el que más arriba había llegado, y con un equipo más anotador.

– Dónde estuvo su techo: en semifinales. Comenzó el torneo mejor de lo que lo terminó, y de este análisis estamos excluyendo a la madre de todas las derrotas, que trataremos en el siguiente apartado. En la primera fase, en la que la Canarinha estuvo de gira por tres ciudades distintas (Sao Paulo, Fortaleza y Brasilia), se impuso primero a Croacia (3-1), se estrelló contra el portero mexicano Ochoa (0-0) y se ensañó con Camerún (4-1). En octavos de final, en el Mineirao de Belo Horizonte –que se preparaba para la catástrofe-, pasó contra Chile de milagro: 1-1 tras 120 minutos (con larguero chileno en el 118) y 3-2 a los penaltis. Y en cuartos, de vuelta a Fortaleza, venció a la sorprendente Colombia por 2-1, con cierta solvencia pero pidiendo la hora.

Sin embargo, el enfrentamiento contra los ‘cafeteros’ salió carísimo, porque un rodillazo del colombiano Zúñiga en la espalda de Neymar se saldó con fractura en la tercera vértebra lumbar del fuera de serie, eliminado para lo que restaba de torneo. Pese a su juventud, ya era el líder y el espíritu de Brasil, y además había marcado cuatro goles. Se sabía que su baja sería notabilísima para afrontar la semifinal contra Alemania, otra superpotencia y fija en la selecta lista de favoritos, que buscaba su tetracampeonato. Y también faltaría el sancionado Thiago Silva en el centro de la defensa.

– El partido del adiós: esta vez no hubo ‘Maracanazo’, sencillamente porque el encuentro se disputó en el Mineirao de Belo Horizonte. Pero no pudo ser más humillante. El resultado lo dice todo, y aún hoy cuesta asumir que no es un error al teclear: Brasil, 1; Alemania, 7. En el minuto 29, ya iban 0-5. La mayor derrota de la Seleçao en su siglo exacto de existencia, y además sucedida en un Mundial, buscando la final ante su público. La ausencia de Neymar podía haber servido como excusa para no ganar, pero no fue solo una derrota. Y si hablamos de Alemania, campeona un partido después (tras batir a Argentina por 1-0, en la prórroga), podemos decir que quizá protagonizó la mayor proeza de la historia del fútbol mismo. En el ingrato choque por el tercer y cuarto puesto, Brasil volvió a ser barrida por Holanda (0-3), pero eso ya pareció hasta lógico, hasta poco.

– Última alineación: Julio César; Maicon, Dante, David Luiz, Marcelo; Luiz Gustavo, Fernandinho (Paulinho, m. 46); Bernard, Oscar, Hulk (Ramires, m. 46); Fred (Willian, m. 69). Entrenador: Luiz Felipe Scolari.

Embed from Getty Images

 

RUSIA 2018

– Así llegó al Mundial: Adenor Bacchi, conocido como Tite, ha ejercido como ‘míster’ brasileiro desde mediados de 2016. Dunga, otra vez él, había sido el entrenador de la primera fase de las extensísimas eliminatorias sudamericanas, que hoy por hoy son una liga de 18 partidos entre todas las selecciones (empezó en 2015, nada menos). Pero una serie de empates y una muy mala Copa América 2016 le costaron el cargo al ex capitán verdeamarelo. Su sucesor Tite logró armar un gran bloque que no tuvo rival en el grupo premundialista: campeón con 10 puntos de ventaja, y billete directísimo a Rusia.

De nuevo, Brasil se presentaba en el torneo máximo con un plantillón que parecía bien conjuntado y equilibrado, pero carente de indiscutibles a escala Mundial como antaño, a excepción de Neymar y quizá el lateral izquierdo Marcelo. Su gran problema era que el ‘10’ llegaba justísimo, debido a una fractura del pie derecho, del que tuvo que ser operado en marzo.

– Dónde estuvo su techo: en cuartos de final. A matacaballo durante la primera fase, no pasó del empate ante la mucho menos glamourosa Suiza (1-1); ganó con merecimiento a Costa Rica (2-0), pero con ambos tantos en el descuento; y se salvó definitivamente batiendo a Serbia por la misma diferencia (2-0). Parecía un abono, porque también eliminó con ese resultado a México en octavos de final. Y por fin llegó hasta Bélgica, señalada como una de las probables revelaciones del torneo. Neymar daba la impresión de ir cogiendo ritmo.

– El partido del adiós: ya lo han visto todos ustedes: Bélgica se impuso por 1-2 y realizó un gran trabajo táctico y de contragolpe, pero por ocasiones no se puede decir que fuera una victoria indiscutible. Los ‘Diablos Rojos’ se pusieron 0-2 al descanso, el primero un autogol de Fernandinho, y parecían tenerlo todo bajo control. No obstante, durante buena parte de la segunda mitad, se tuvieron que atrincherar ante el aluvión futbolístico de la orgullosa Canarinha, mejorada por los cambios, pero que solo pudo marcar tras increíble bombeo de Coutinho y espléndido cabezazo de Renato Augusto. Básicamente, la diferencia estuvo en la espectacular actuación del guardameta belga Courtois, y el punto de mira muy desviado de varios brasileños.

– Última alineación: Alisson; Fagner, Thiago Silva, Miranda, Marcelo; Fernandinho, Paulinho (Renato Augusto, m. 73); Willian (Firmino, m. 46), Philippe Coutinho, Neymar; Gabriel Jesus (Douglas Costa, m. 58). Entrenador: Tite.

Embed from Getty Images

EL DÍA QUE BRASIL PERDIÓ (II) (1954-1986)

LA PRIMERA O ÚNICA VEZ (7)

Procedamos a la segunda entrega de repaso a los partidos que supusieron la eliminación del favorito entre favoritos. En la tercera entrega habrá que añadir el choque de ayer contra Bélgica, donde la Canarinha sufrió altibajos, pero se marcó un autogol y, sobre todo, chocó con los guantes del portero Courtois (1-2). Por tanto, en Rusia 2018 tampoco saboreará las mieles del éxito, aunque seguirá siendo única pentacampeona del mundo.

(Pincha aquí para leer la primera parte, 1930-1950)

(Pincha aquí para leer la tercera parte, 1990-2018)

SUIZA 1954

– Así llegó al Mundial: por primera vez su vida, Brasil debió afrontar unas eliminatorias para poder jugar la Copa de copas, y las superó sin grandes complicaciones ante Chile y Paraguay, entre febrero y marzo del mismo año 1954. Pero lo que realmente quería superar era el trauma del ‘Maracanazo’, tan fresco aún. En un intento de espantar el mal fario, empezó por desterrar el uniforme blanco con toques azules, el titular de hasta entonces, para que nada recordase aquello. Por eso, en 1952 se lanzó un concurso de ideas, y ganó la propuesta de camiseta amarilla con ribetes verdes y pantalón azul con ribetes blancos, mezcla bien festiva de los colores de la bandera. Ahora sí, había nacido la Canarinha o Verdeamarela.

Más allá de lo simbólico, el nuevo seleccionador Zezé Moreira le dio un gran lavado de cara a la Seleçao, y solo mantuvo a media decena de los internacionales de 1950. Incluso, prescindió del trío maravilloso de ataque que habían formado Zizinho, Ademir y Jair, acusados fundamentalmente de individualistas (los dos interiores volverían al combinado brasileño tras este Mundial). Apostó por varias novedades como el gran extremo derecho Julinho, el fantástico cerebro Didi o los dos Santos de la zaga, Djalma y Nilton. Los tres últimos tendrían recorrido.

– Dónde estuvo su techo: en cuartos de final, donde Brasil se topó con los ‘Magiares Mágicos’ de Puskás (ausente por lesión en ese choque), Czibor o Kocsis. El rival era temible de entrada: en los años anteriores, la mejor Hungría de la historia había enlazado más de 30 partidos consecutivos invicto, y estaba supuestamente predestinada al triunfo final (como los brasileños en 1950, por otra parte).

La primera fase fue muy rara en este Mundial, pues aunque los equipos estaban divididos en liguillas de cuatro, solo disputaban dos partidos cada uno. Como un cuatrienio antes, Brasil vapuleó a México (5-0), y luego empató 1-1 con Yugoslavia, resultado que les servía a ambos. En los cruces tocó el ‘coco’ húngaro, que en el grupo había metido miedo aplastando por 9-0 a Corea del Sur, ¡y 8-3 a la mismísima Alemania Federal…!

– El partido del adiós: fue una vergüenza, bautizado para los anales como la ‘Batalla de Berna’, cuyo Wankdorfstadion acogió el combate. Se esperaba una oda al fútbol de ataque, y lo parecería si nos limitáramos a observar el 4-2 que dio el pase a los centroeuropeos. Pero los corresponsales internacionales se quedaron boquiabiertos por la cantidad de faltas violentas y golpes bajos que presenciaron, además en aumento a medida que avanzaban los minutos.

En el 7, Hungría ya ganaba 2-0; recortó Djalma Santos, de pena máxima (m. 18). Lantos recobró la ventaja magiar a la hora, tras polémico penalti (3-1); recortó Julinho (3-2, m. 65); y al final, Kocsic estableció el 4-2 (m. 88). En expulsados ganó Brasil 2-1, aunque debieron ser varios más. Y, terminado el cotejo, empezó la nueva contienda sobre el césped, incluidas las fuerzas de seguridad suizas, y más tarde en los vestuarios, pues allí continuaron los golpes, incluso entre los entrenadores. Bochornoso.

Embed from Getty Images

– Última alineación: Castilho; Djalma Santos, Pinheiro, Nílton Santos; Brandaozinho, Bauer (cap); Julinho, Humberto, Índio, Didi, Maurinho. Entrenador: Zezé Moreira.

 

SUECIA 1958: CAMPEÓN

CHILE 1962: CAMPEÓN

 

INGLATERRA 1966

– Así llegó al Mundial: la irrupción de Pelé y Garrincha había dado a Brasil sus dos primeros mundiales, aunque ‘O Rei’ apenas había intervenido en el segundo, por lesión. Nadie había enlazado nunca tres triunfos consecutivos, y el patrón elegido para comandar ese deseado nuevo buque triunfal fue Vicente Feola, que ya había guiado a los campeones de 1958. Este convocó a varios de la vieja guardia, encabezada por un Pelé aún en la cúspide (25 años) pero que empezaba a mostrar síntomas de agotamiento de lo exprimido que ya estaba en el Santos. También llamó Feola al portero Gilmar y a Djalma Santos, Bellini y Orlando, defensas con las que yo contó dos Mundiales antes, o al medio Zito, o al mismo ‘7’ Garrincha, ya lejos de lo que fue. Incluyó también a futuros hombres importantes como Gérson, Tostao y Jairzinho.

La preparación de Feola fue muy criticada en Brasil, por ejemplo porque trabajó con hasta 47 jugadores diferentes hasta dar la lista definitiva, y porque el equipo disputó demasiados amistosos muy seguidos entre mayo y junio, además en varios puntos del enorme país, lo que parecía un trajín sin sentido. Con todo y con eso, la Verdeamarela era el máximo favorito para volver a triunfar en la Copa.

– Dónde estuvo su techo: se topó con él en la primera fase. Empezó ganado a Bulgaria por 2-0, pero Pelé resultó muy castigado y no pudo jugar el segundo encuentro de la liguilla, donde Hungría venció por 1-3. Tras ese revés, el billete a cuartos no estaba solo en manos de lo que pudieran hacer los campeones en el tercer match frente a Portugal.

– El partido del adiós: Pelé se calzó las botas por ser quien era, pero no estaba en condiciones. Y el entrenador sí prescindió de un Garrincha muy venido a menos para enfrentarse al Portugal de Eusébio, otrora metrópoli de Brasil que debutada en el Mundial y que ya se encontraba prácticamente clasificada. Además, el arquero titular Gilmar estaba tocado de una rodilla y tuvo que dejar su puesto a un inseguro Manga.

El choque, disputado en Liverpool (en el campo del Everton), no fue bueno. El solidario cuadro portugués tejió una tela de araña en mitad del campo que entorpeció a sus ‘hermanos’ de ultramar, y antes de la media hora se había puesto 2-0 por delante.  Enseguida, Pelé fue hachado otra vez, se tuvo que retirar unos minutos (los cambios no se autorizaron hasta la siguiente edición), y fue un espectro cojo durante el resto del encuentro. En la segunda mitad, Brasil sacó casta de campeón y se pasó el partido intentando remontar, pero solo redujo distancias mediante el defensa Rildo, a 17 minutos de la conclusión. El segundo gol del luso Eusébio dejó el marcador en el 3-1 final.

Embed from Getty Images

Con todo y con eso, la Canarinha podía clasificarse milagrosamente aún si, al día siguiente, Bulgaria ganaba a Hungría por más de un gol. Era poco probable, y sucedió exactamente lo contrario. ‘O Rei’ marchó de Inglaterra echando pestes, harto de patadas, y dijo que no jugaría más Mundiales. Afortunadamente, se retractó.

– Última alineación: Manga; Fidélis, Brito, Orlando (cap), Rildo; Denílson, Lima; Jairzinho, Silva, Pelé, Paraná. Entrenador: Vicente Feola.

 

MÉXICO 1970: CAMPEÓN

 

ALEMANIA FEDERAL 1974

– Así llegó al Mundial: por tercera vez, la Verdeamarela defendía título del universo conocido. Pero la presión era doble, porque la Seleçao campeona de México 1970, ‘el equipo de los cinco dieces’, había llegado a la cumbre del jogo bonito y los resultados. Hoy día, sigue siendo considerada la mejor selección de todos los tiempos, incluso por encima de sus floridas versiones de 1958 y 1962, siempre con ‘O Rei’ Pelé.

Se mantenía el victorioso seleccionador de cuatro años atrás, Mário Lobo Zagallo, que también había conquistado los cetros de 1958 y 1962 como jugador. Pero era imposible que saliera igual, empezando por que Pelé se había retirado como internacional en 1971. Aunque seguía en activo y no era exageradamente mayor (33 años), se mantuvo firme en su idea de no jugar más Mundiales: en Alemania, fue comentarista deportivo. Varios pilares más de las proezas del Estadio Azteca como Carlos Alberto, Gérson, Tostao y Clodoaldo faltaron por lesión. Otros artistas como Jairzinho y Rivelino pervivían, así como nuevos valores como Dirceu o Nelinho. Pero, comparativamente, era una plantilla peor.

Por lo tanto, un poco por obligación y otro por convencimiento, Zagallo confesó que este torneo lo afrontarían con otra actitud, con un juego “más europeo” porque estaban en Europa (!). Si lo decodificamos, obtendremos un Brasil más defensivo y contragolpeador que nunca, tan distinto a su luminoso antecesor directo que no se llevó más que palos de la crítica.

– Dónde estuvo su techo: se mantuvo con posibilidades hasta el último partido de la liguilla semifinal que contemplaba esta Copa de 1974. Ahí se topó con la mejor ‘Naranja Mecánica’ que ha habido. Antes, defraudó estrepitosamente en la primera fase, que superó por la gatera, por diferencia de goles mejor que Escocia: 0-0 contra Yugoslavia, 0-0 contra los británicos del norte y 3-0 frente la débil e inexperta Zaire. En la segunda fase mejoró algo (algo), y se plantó en el duelo decisivo frente a los ‘tulipanes’ con dos victorias por la mínima contra la RDA (1-0) y Argentina, su archirrival (2-1).

– El partido del adiós: a la fastuosa Holanda de Cruyff, otro ‘campeón seguro’, le bastaba el empate contra los brasileños, habida cuenta de sus mejores resultados anteriores (4-0 contra Argentina, 2-0 frente a la RDA). Estaba sembrando admiración con su despliegue, y sus confiados jugadores se corrieron una gran juerga después de batir a la Alemania del Este. Pero Brasil solo había concedido un gol en lo que iba de torneo.

El choque, disputado en Dortmund con 15º C y llovizna, fue violento, con el buen fútbol que se les suponía a sus protagonistas apareciendo solo a ráfagas. El árbitro alemán Tschender no supo cortar las patadas a tiempo. Holanda salió en tromba, pero la europeizada Brasil también disfrutó de sus oportunidades a la contra. Fue el gran Neeskens quien abrió el marcador a los 50 minutos, y la Canarinha se vio sin argumentos cuando los del ‘fútbol total’ se echaron atrás y le arrebataron el papel de contragolpeadores. Cruyff marcó el 2-0 en el 65 (foto inferior), y se acabó. Tres días después, Brasil volvió a caer en la pelea por el bronce contra el otro equipo-sensación del campeonato, la Polonia de Lato y Deyna (0-1). Ni el podio.

Embed from Getty Images

– Última alineación: Leao; Zé Maria, Pereira, Marinho Peres (cap), Marinho Chagas; Paulo César Carpeggiani, Rivelino, Paulo César Caju (Mirandinha, m. 61); Valdomiro, Jairzinho, Dirceu. Entrenador: Mário Zagallo.

 

ARGENTINA 1978

– Así llegó al Mundial: en 1977, Brasil superó las eliminatorias sudamericanas sin problemas, imponiéndose a Paraguay y Colombia. Pero empezó con un 0-0 en Bogotá que le costó el cargo al seleccionador Osvaldo Brandao, sustituido por Cláudio Coutinho. Fue un nombramiento sorprendente, porque se trataba de un militar estaba especializado en la preparación física, y esa era su obsesión. La prensa publicó incluso una nota increíble durante el mismísimo Mundial ‘78, donde la propia CBD (la confederación brasileña de entonces) afirmaba que Coutinho sería destituido aunque saliera campeón, “al revelarse como un hombre con escasos conocimientos tácticos” (!). Luego, lo mantuvo hasta 1979.

Con este contexto, era fácil adivinar que aquel Brasil de nuevo ‘europeizado’ no enamoraría, y así fue. Incluso los jugadores de ataque tenían órdenes de marcar a los defensas, algo que antes ni se contemplaba por aquellos pagos. Y aunque la Verdeamarela siempre está bien nutrida de figuras (las nuevas eran los fenómenos Zico y Reinaldo, o el goleador Roberto Dinamite), faltó el mejor jugador brasileño de la época, el multitalentoso centrocampista Paulo Roberto Falcao, por discrepancias con el entrenador…

– Dónde estuvo su techo: el formato del torneo fue idéntico al de 1974 (liguilla de primera fase y liguilla semifinal), y Brasil volvió a llegar al último encuentro de la segunda con muchas posibilidades, más que en la anterior edición. Lo que sucedió, como veremos, era que esta vez no jugaba el último partido contra su rival directo por la final, como pasó entonces, sino que tenía que ganar a Polonia y esperar a que Argentina no consiguiera una goleada escandalosa contra Perú…

Antes de esto, Brasil aburrió en la primera fase, donde sí que se mostró sólida (1-1 contra Suecia, 0-0 frente a España, victoria 1-0 contra Austria que clasificaba a ambos). Y en la segunda ronda, venía de batir por 3-0 a los agotados peruanos y de empatar 0-0 contra Argentina, habiéndose mostrado menos malo que el anfitrión.

– El partido del adiós: el organizador de un torneo siempre barre para casa, y más cuando al país lo gobierna una dictadura militar, como era el caso de Argentina en 1978. El primer detalle sospechoso de la última jornada del Grupo B de semifinales fue que los dos que se jugaban el pase a la finalísima, la Albiceleste y Brasil, no jugaban simultáneamente, aunque estaban empatados a puntos y, desde días antes, se conocía que la diferencia de goles podía ser decisiva. Los de Coutinho, con +3 en el goal average, se enfrentaban a Polonia –que conservaba remotas posibilidades- a las 16.45 horas en Mendoza. Pero Argentina (+2 en la diferencia) recibía a la ya eliminada Perú en Rosario a las 19.15 horas; esto es, los anfitriones disfrutarían del privilegio de conocer qué resultado iban a necesitar. Pero nadie cambió el programa.

El choque de brasileños y polacos fue trompicado, de duras entradas (el genio Zico se tuvo que retirar lesionado en el tierno minuto 8) y bastante igualdad. Hubo mayor dominio europeo y más peligro sudamericano al contragolpe, además de buena defensa. El público argentino hinchaba por los polacos, obvio, pero se impuso el enemigo íntimo, que se adelantó por medio de un brutal zambombazo de falta del lateral Nelinho. Lato igualó al borde del descanso, pero dos tantos de Roberto Dinamite significaron un 3-1 muy esperanzador para los intereses amarillos.

Por tanto, la Argentina de Kempes sabía que tenía que vencer a Perú por cuatro de diferencia. Lo hizo por más (6-0), en uno de los partidos que más suspicacias han levantado en la historia mundialista, y más tarde ganaría la Copa contra Holanda. Brasil se tuvo que conformar con imponerse a Italia en el duelo por el tercer lugar (2-1), y su entrenador Coutinho acuñó el término irónico de “campeón moral”, por todo lo que les había tocado vivir en tierra hostil.

– Última alineación: Leao (cap); Nelinho, Oscar, Amaral, Toninho; Batista, Toninho Cerezo (Rivelino, m. 75), Dirceu; Gil, Roberto Dinamite, Zico (Mendonça, m. 8). Entrenador: Cláudio Coutinho.

 

ESPAÑA 1982

– Así llegó al Mundial: tras dos Copas apostando por el supuesto y contracultural ‘fútbol práctico’, que no les había llevado a reverdecer laureles, los mandamases de la Confederaçao Brasileira de Futebol (CBF, sucesora de la CBD) volvieron a los orígenes de cara a España ‘82. En 1980 le entregaron el cargo de seleccionador a un loco del fútbol-arte, no necesariamente reñido con los resultados, llamado Telé Santana. Y su impacto fue inmediato: para empezar, los partidos de Brasil volvieron a ser una fiesta sobre el césped con samba en las gradas. Falcao volvió al equipo nacional, Zico estaba en su momento álgido, el barbudo y romántico Sócrates cogobernaba el centro del campo… Es decir, había renacido el espíritu del jogo bonito.

En las previas del Cono Sur americano, celebradas en 1981, Bolovia y Venezuela no fueron rivales para los brasileños. La peor noticia fueron dos ausencias en la delantera, de las que se hablaría mucho a posteriori: Reinaldo, por decisión técnica (al entrenador le encantaba, pero no lo veía en forma) y el joven pero ya artillero Careca, lesionado a escasos días del debut. Eso contribuyó a descompensar el bloque: el centro del campo de aquella Seleçao era fantasioso, quizá el mejor que ha habido nunca, pero no parecía tan fuerte ni en la retaguardia ni en la punta del ataque. ¿Bastaría?

– Dónde estuvo su techo: la Verdeamarela de España ‘82 es, sin duda, el equipo que más ha dado que hablar y hecho disfrutar en comparación con lo poco que consiguió. En esta edición, en la que se pasaba de 16 equipos a 24, se había optado por un nuevo sistema: permanecía igual la primera fase (grupos de cuatro selecciones), pero luego había miniliguillas de cuartos de final (grupos de tres), con semifinales y final ya a único partido. El primer Brasil de Telé cayó en la segunda liguilla, y por resultados se le colocaría en el 5º puesto del campeonato.

Hasta el partido de su eliminación (e, incluso, durante este), todo fue jolgorio. En la primera ronda, el público sevillano gozó del mejor fútbol-samba contra la URSS (2-1), Escocia (4-1) y Nueva Zelanda (4-0). Luego, en el estadio barcelonés de Sarriá, tocó el típico ‘grupo de la muerte’ en cuartos, con la Argentina del joven Maradona, defensora del título, y la siempre correosa Italia. Los europeos se impusieron a la celeste y blanca (2-1), y a continuación los brasileños se volvieron a lucir contra los gauchos (3-1), frustrando tanto al ‘Pelusa’ que se autoexpulsó. Por tanto, el pase a semifinales se decidiría entre el duelo directo entre azzuri y canarinhos. Italia había llegado hasta allí de milagro, pero era Italia.

– El partido del adiós: es una pena caer en uno de los mejores encuentros de la historia de la Copa del Mundo, adornado además con el increíble ambiente que generaron ambas aficiones. Fue el choque entre dos escuelas, la lírica de los brasileños y la férrea de los italianos, que de todos modos se mostraron más osados que en anteriores comparecencias. Brasil fue siempre a contrapié en el marcador (0-1 en el minuto 5, 1-1 en el 11, 1-2 en el 24, 2-2 en el 68, 2-3 en el 74). Y fue víctima de su endeblez defensiva (el 1-2, por ejemplo, fue un regalo) y poco acierto rematador, así como se encontró con el despertar del ariete Paolo Rossi (abajo), que no había marcado ni un gol en el torneo y firmó tres aquella tarde antológica. Durante buena parte del duelo, la Verdeamarela bordó el fútbol una vez más, pero eso no siempre se refleja en los números.

Embed from Getty Images

– Última alineación: Waldir Peres; Leandro, Oscar, Luisinho, Júnior; Toninho Cerezo, Falcao, Sócrates (cap), Zico; Serguinho (Paulo Isidoro, m. 68), Éder. Entrenador: Telé Santana.

 

MÉXICO 1986

– Así llegó al Mundial: tras unos años en otros menesteres, Telé Santana volvió a dirigir la Seleçao en las eliminatorias premundialistas de 1985. Con menos brillo que antes, le dio para imponerse a Paraguay y Bolivia. Pero, pese a la renovación de compromiso con el jogo bonito, no se pudo repetir el clima de 1982. En esta ocasión, el depredador Careca estaba a tope, pero ninguno de los ases de la sala de máquinas llegaba bien. Zico fue convocado por ser él, pero salía de una gravísima lesión y solo le daba para actuar de refresco; por lo mismo, la participación de Falcao fue testimonial, y Toninho Cerezo se cayó de la lista; Sócrates y Júnior jugaron tocados.

Unámoslo a dos bajas sorprendentes. El indisciplinado pero desequilibrante extremo Renato Gaúcho, quizá el jugador más en forma de Brasil entonces, fue apartado por su carácter y por saltarse con creces un toque de queda. Y, de rebote, el lateral derecho Leandro (el mejor del país en su rol), compañero de correrías del anterior, no se presentó al aeropuerto, al parecer por solidaridad con el amigo. Por tanto, la Seleçao corría riesgo de ser un quiero y no puedo: es difícil bailar con un tobillo torcido y un par de disparos en el otro pie.

– Dónde estuvo su techo: en cuartos de final, como en 1982. El Mundial adoptaba por fin el sistema vigente hoy, de grupos de cuatro equipos como primera fase y eliminatorias directas desde octavos. En la ronda inaugural, Brasil no maravilló como antaño pero ganó los tres compromisos: 1-0 a España, 1-0 a Argelia y 3-0 a Irlanda del Norte. Después apabulló a una Polonia ya venida a menos (4-0) y, con la moral recargada y un subidón en las apuestas, se encontró con la Francia de Platini en el segundo cruce.

– El partido del adiós: por segunda edición consecutiva, Brasil volvió a coprotagonizar un partidazo, calificada entonces como tópica ‘final anticipada’, pero el marcador tampoco le sonrió. En Guadalajara (México), el desenlace no se produjo hasta la tanda de penaltis, donde los franceses se mostraron más inspirados (3-4).

Antes de eso, los dos conjuntos que mejor juego habían practicado en el torneo –aunque sin alardes- se enfrentaron en un precioso pulso, más emocionante y trenzado que goleador. Ambos merecieron marcar más veces, pero al final de la prórroga se llegó con el mismo resultado del entretiempo: 1-1, tantos de Careca y Platini. Brasil dio un par de postes y, sobre todo, vio al mermado ídolo Zico –recién ingresado en la cancha- fallar un penalti en el minuto 75, detenido por el portero galo Bats (foto inferior). La moneda salió cruz. La Canarinha se iba con la cabeza alta, pero desde 1970 la Copa nunca había estado tan lejos.

Embed from Getty Images

– Última alineación: Carlos; Josimar, Júlio César, Edinho (cap), Branco; Alemao, Sócrates, Júnior (Silas, m. 91), Elzo; Müller (Zico, m. 72), Careca. Entrenador: Telé Santana.